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Sevilla

Construir para creer: el camino de Matías Almeyda

Matías Almeyda ha tocado algo dentro de este Sevilla, aunque las cosas no siempre salgan como él quiere. Tras la dura derrota frente al Mallorca en Nervión, donde el equipo no consiguió concretar su buen juego y una mala segunda parte terminó con el primer triunfo a domicilio de los bermellones, la afición respiró frustración y recordó que este proceso todavía es frágil. Pero aun así, hay algo que se mantiene: el grupo parece creer en él. El Sevilla llega a la décima jornada de LaLiga EA Sports con 13 puntos, 4 victorias, 1 empate y 4 derrotas. Su faceta ofensiva se ve clara, mientras que la defensa aún tiene detalles por pulir. El objetivo ahora es volver a la senda de las buenas noticias en la visita al Reale Arena, ante una Real Sociedad que atraviesa su propio momento convulso, y aprovechar cualquier oportunidad para escalar en una clasificación que se mantiene igualada y exigente.

Quizás los jugadores estén encantados porque Almeyda no vende humo. No llega a entrenar desde un pedestal ni con la aura del técnico iluminado. Llega como el que fue jugador, como el que tuvo barro en las medias, como el que entiende lo que significa jugar con ruido alrededor. Se le nota esa forma elemental de vivir el fútbol: correr, recuperar, mirar al compañero, jugar con intención. Eso contagia, o al menos invita. En ocasiones vale más que la pizarra. Es un vestuario que se siente parte de algo aguanta mejor los golpes, incluso los días donde el resultado no acompaña.

El Sevilla todavía tiene que ajustar detalles, adaptarse a los rivales y superar los momentos complicados. Cuando el equipo pierde la pelota, a veces le cuesta recuperar el control con rapidez; cuando intenta generar juego desde atrás, hay momentos en los que la transición no fluye del todo. Son pequeños tropiezos que forman parte del proceso y que recuerdan que ningún equipo cambia de piel de la noche a la mañana. Pero incluso con esas dificultades, el Sevilla ya no se resigna. La actitud ha cambiado: hay reacción, hay carácter. Y eso, al final, define a un entrenador. 

Almeyda está construyendo desde la convicción de no renunciar, más que desde la perfección. Este Sevilla no promete ganar siempre, pero promete intentarlo sin excusa. La construcción de identidad, la cultura de esfuerzo y la conexión con el grupo empiezan a notarse, y aunque habrá partidos malos y dudas, el equipo empieza a jugar para algo, a sentir que cada partido importa. Lo que se ve ahora es la construcción de un proyecto en evolución, que está dando motivos para tener fe.

Periodista Deportiva | Amante de la pelota ⚽️ | Análisis de Datos y Táctico | 👩🏼‍💻

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