La República de Irlanda firmó en Budapest una remontada memorable que ya se inscribe ya en las páginas doradas de su fútbol, derrotando 3-2 a Hungría en el mismísimo Puskás Aréna (Budapest) para sellar su pase al playoff europeo de acceso al Mundial 2026. Ante un rival crecido por su público y con un estadio a rebosar, los pupilos del islandés Heimir Hallgrímsson demostraron resiliencia y coraje frente a la adversidad, conquistando un partido que tuvo como gran protagonista al joven Troy Parrott, cuyo hat-trick desafió la lógica y el pronóstico local. A los húngaros les valía el empate, pero Troy tenía otros planes.
El duelo arrancó con todo en contra para Irlanda: a los tres minutos, Daniel Lukacs adelantó a los húngaros tras una inspirada jugada de Dominik Szoboszlai, poniendo patas arriba a un estadio entregado a la causa magiar. Sin embargo, la respuesta irlandesa no se hizo esperar. A los 11 minutos, Chiedozie Ogbene fue derribado en el área y Parrott empató desde el punto de penalti, sembrando la primera semilla de esperanza en una Green Army que no se rindió nunca.
Pero Hungría volvió a golpear antes del descanso, con Barnabás Varga firmando un soberbio gol que suponía el 2-1 para los magiares. La segunda mitad se transformó entonces en un pulso entre la desesperación local y la fe visitante. Con una Hungría conservadora, Irlanda avanzó metros a puro corazón, y la figura de Caoimhín Kelleher emergió fundamental con una atajada salvadora ante Sallai cuando todo parecía decidido.
El tramo final fue un asalto de épica. Finn Azaz filtró un pase brillante que Parrott transformó en arte, picando el balón para firmar el 2-2 y dejar en silencio a la afición local. Pero la gesta aguardaba su capítulo más emotivo: en el minuto 96, cuando los húngaros ya acariciaban el repechaje, Parrott, implacable, se anticipó entre los centrales y sentenció el 3-2 definitivo, desatando la euforia irlandesa y la desolación en Budapest.
El triunfo no solo consagró a Irlanda como una selección indomable, sino que elevó a Troy Parrott a la categoría de héroe nacional. Con tan solo 23 años, el delantero del AZ Alkmaar rubricó una actuación soberbia, firmando un triplete que encarna liderazgo, eficacia y sangre fría en el momento supremo. Ningún futbolista irlandés había marcado un hat trick a domicilio jamás. Hasta ayer. Su combinación de madurez táctica y killer instinct hacen de Parrott el emblema de una Irlanda que, gracias a su gesta en Budapest, sueña de nuevo con el Mundial.