Hay ciudades que se observan, otras que se sienten. De Sevilla se dice que tiene un color especial: el de los claveles en el pelo, el que cae sobre las fachadas cuando la tarde se inclina, el del azahar cuando la primavera abre sus ventanas, el de las sombras largas cuando cae el sol. Antes de que arranque su Feria de Abril, el rojo, azul y blanco adornarán la ciudad hispalense para recibir la final de la Copa del Rey.
El Atlético logró el billete sufriendo; entre heridas y goles de un Barça que murió con las botas puestas. Durmió todo el partido en el colchón que había construido, rezando para que no le despertara una pesadilla. No halló la manera de salir cómodo ni de mostrar peligro, y se escudó en la ventaja de un primer asalto que ya ha quedado para el recuerdo.
La Real Sociedad sostuvo los primeros compases del Athletic y un espejismo fugaz. Porque el partido, y la eliminatoria, estuvo inclinada hacia el conjunto txuri-urdin, que no recibió ningún rasguño y dejó intacta su red. Manifestó la Real su superioridad en todas las líneas y evidenció la transformación que ha moldeado Pellegrino Matarazzo, tan efectiva como necesaria. No mostró ningún nerviosismo con el paso de los minutos, como si supiera, con total certeza, que el Athletic se había presentado con los bolsillos vacíos.
Entre todos los nombres propios, los de Antoine Griezmann y Mikel Oyarzábal; que han liderado el viaje hasta Sevilla. El talento diferencial del Atleti, el corazón de la Real. Con ambos desenlaces se abre un nuevo capítulo. Atlético de Madrid y Real Sociedad volverán a encontrarse 39 años después de aquella final que se alargó hasta decidirse desde los once metros; donde Arconada escribió su nombre con letras doradas al detener el lanzamiento de Quique Ramos.
El destino, siempre tan caprichoso, enfrentará a ambos este fin de semana para degustar el duelo. La Real visita el Metropolitano en un partido donde los equipos se tomarán medidas y escribirán sus apuntes antes del gran examen. Ninguno le ha ganado al otro esta temporada todavía. La siguiente cita será más exigente y, sin duda, más especial. El trofeo estará en juego. En Sevilla, donde un solo color quedará en lo más alto.