Barça y Madrid calcularon sus posibilidades. Xabi Alonso agitó la pizarra, para cambiar un dibujo con el que buscó incomodar y minimizar los golpes del Barça. Los de Flick agarraron la posesión, sabiendo que el rival buscaría activar su botón de peligro a través de transiciones rápidas. No olvidaron el cartel que llevaban colgado; pisaron el césped como favoritos. Y así se fueron del mismo, con el trofeo debajo del brazo.
El guion estaba servido. Y nadie pudo interpretarlo mejor. Raphael Dias Belloli, en modo superlativo, abrió la lata y decidió el partido. Determinante, una vez más. Presente, al completo, en el argumento que confeccionó el conjunto blaugrana – con Pedri y Frenkie como maestros de ceremonia – para volver a coronarse.
Calidad, intensidad, lectura, convicción, corazón. Es su doctrina. Raphinha vive agarrado a su disciplina; la de no escatimar ningún esfuerzo, la de no regalar ninguna oportunidad. El primero en desempeñar la presión y arrastrar a sus compañeros. Por eso la final de la Supercopa, además de sus goles, dejó, entre otras, la imagen despejando un balón en la línea o la de su sacrificio replegando para cortar, con precisión, un balón que conducía Vinicius, con veneno, rozando el área. No entiende el fútbol de otra manera. Eclecticismo. Una mezcla de recursos liderados por una mentalidad que comprende todas las facetas.
La comunión con su técnico es un relato visible. La causa mayor que define el éxito del brasileño; que solo buscaba confianza. El alemán se la concedió, el resto es historia. Hablar de Raphinha, de su actuación en Arabia, en particular, y de su rendimiento, en general, es llevar a cabo un ejercicio encomiástico. Un caudal de elogios y alabanzas. Ya fue el jugador más influyente el pasado curso y, en el presente, su regreso al equipo ha sido un claro síntoma de una mejoría que el Barça requería. Por mucho que los premios se empeñen en llevar la contraria. Por mucho que olviden un reconocimiento que se ganó hace tiempo. No figura en los galardones, pero su impacto en el campo es toda una revolución.