Neymar, antes que futbolista, ha sido siempre un acto de fe. Un príncipe sin trono con una corona que pesa. ‘Tudo passa’, reza el tatuaje que presenta en la parte derecha del cuello. “Lo bueno pasa, lo malo pasa. Tengo que disfrutar de los momentos lo mejor posible. Hay que intentar ser feliz, hacer bien las cosas y dar el máximo. Esta frase dice mucho de mí”, dijo en su día a Globo TV.
Tiene 34 años y llega entre algodones al Mundial. En octubre de 2023, su rodilla izquierda cedió en un partido de eliminatorias. Ligamento cruzado anterior. Meses de oscuridad, de quirófano y de silencio. Meses en los que Brasil tuvo que mirarse al espejo sin él y descubrir en el reflejo que le faltaba algo. Porque Neymar no es un jugador más. Es el máximo goleador de la historia de Brasil con 79 goles. Superar a Pelé en esa lista no fue un accidente estadístico: fue la confirmación de que estábamos ante alguien que pertenece a otra categoría de la naturaleza. Y sin embargo, la rodilla. Y sin embargo, la recuperación tortuosa. Y sin embargo, la duda sobre si el cuerpo puede volver a ser lo que fue.
Cuando está bien, Neymar hace cosas que no tienen explicación técnica. El regate que va hacia ningún sitio y llega a todas partes. El caño como declaración de principios. Juega con la arrogancia serena de quien sabe que lo que hace forma parte de un territorio exclusivo, y en esa certeza hay una belleza que el fútbol moderno lleva años intentando extinguir sin conseguirlo.
Nadie sabe qué Neymar veremos en el Mundial pero lo que es seguro es que Brasil necesita que esa belleza regrese. No como nostalgia, sino como estrategia. Porque el ‘jogo bonito’ no es un eslogan de marketing: es la única forma en la que ese país sabe ganar de verdad, la única manera en que se puede alcanzar la sexta estrella.
‘El príncipe’ busca alcanzar el trono con una corona torcida en la mano, un cuerpo con cicatrices, tantos tatuajes como dudas, el número diez a la espalda y una promesa por cumplir. Brasil espera con ilusión. El mundo mira. Y Neymar sueña entre el ‘Tudo passa’ y el ‘Tudo posso’.
Papá de Miranda. Orgulloso hijo de gallego y asturiana. Dejé 13 años como abogado por fundar y dirigir Sphera Sports, con lo que ello supone. Asumo las consecuencias. Hice 'mili' en Pisa y en Bristol. Me gustan las orcas, los países escandinavos y un gol en el 90'.