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Foto: RFET

Polideportivo

La experiencia de Zverev pone fin a la irrupción de Jódar en París

La aventura de Rafa Jódar en Roland Garros terminó donde empiezan a medirse las diferencias más pequeñas y, al mismo tiempo, más decisivas del tenis de élite. El madrileño de 19 años cayó en los cuartos de final ante Alexander Zverev por 7-6(3), 6-1 y 6-3, pero durante buena parte del primer set obligó al alemán a mirar de frente una amenaza que parecía real. Jódar llegó a colocarse con 5-2 de ventaja y tuvo en su mano la posibilidad de dar un golpe enorme sobre la Philippe Chatrier, aunque la reacción del número tres mundial cambió definitivamente el rumbo del encuentro.

Porque el partido se decidió mucho antes de que apareciera el marcador final. Zverev sobrevivió cuando peor estaba, recuperó el break de desventaja y se llevó la manga inaugural en el desempate por 7-3. Allí se produjo el punto de inflexión. El español había jugado de tú a tú contra uno de los grandes especialistas del circuito sobre tierra batida, pero el esfuerzo emocional de dejar escapar aquella oportunidad pesó tanto como el físico acumulado durante las rondas anteriores.

A partir de entonces emergió la versión más reconocible del alemán. Su servicio ganó consistencia, el revés comenzó a marcar diferencias y el control de los intercambios pasó definitivamente a su lado. El 6-1 del segundo parcial reflejó esa superioridad creciente de un jugador acostumbrado a gestionar este tipo de escenarios. Jódar siguió buscando soluciones, mantuvo la agresividad que le ha llevado hasta los cuartos de final y evitó una despedida resignada, pero ya no encontró la continuidad necesaria para discutir el dominio de su rival.

El tercer set, resuelto por 6-3, confirmó que Zverev había impuesto su experiencia y su jerarquía competitiva. El alemán alcanzó así una nueva semifinal en París y mantuvo vivo su objetivo de conquistar por fin un Grand Slam. Jódar, mientras tanto, abandonó la pista derrotado pero con un balance difícilmente imaginable hace apenas unas semanas. En su debut en el cuadro final parisino alcanzó los cuartos de final, demostró que puede competir contra jugadores de la primera línea mundial y confirmó que su irrupción ya no pertenece al terreno de la promesa, sino al de la realidad.

La derrota deja una enseñanza evidente. Ante los mejores no basta con alcanzar un nivel extraordinario durante algunos tramos del partido; hay que sostenerlo durante horas. Jódar comprobó esa exigencia frente a uno de los tenistas más sólidos del circuito. También descubrió algo igual de importante: que tiene tenis para sentarse en esa misma mesa. Roland Garros le cerró la puerta de las semifinales, pero abrió de par en par la de su futuro.

Contenido creado en colaboración con RENAULT en el marco del patrocinio oficial a la RFET para impulsar el tenis español.

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