Lo reconozco: Fermín López Marín se está convirtiendo en mi animal mitológico favorito. Hace de todo y todo lo hace bien. Navaja suiza fabricada en El Campillo (Huelva). Corre como un ñu, presiona por tres, incomoda al rival, tiene alma, pisa área constantemente, atesora clase, se asocia de lujo, le sobra compromiso y tiene ambición a raudales.
Este muchacho no flaquea ni desfallece. Mercenario del esfuerzo y el trabajo como leitmotiv. Si a eso le unes un disparo letal, la capacidad constante para tirar desmarques de calidad, una voracidad exacerbada y su ‘relación con el gol’, pues entiendes el que esta maravillosa criatura se haya metido a todo el barcelonismo en el bolsillo. El que juegue con medias bajas no deja de ser el envoltorio perfecto para este regalo de futbolista monumental.
Su estatus actual se lo ha ganado a pulso. Nadie le ha regalado nada al andaluz. Con 22 años ‘el niño’ ya es Campeón de Europa, medallista de oro olímpico y el Chelsea suspira por sus huesos. Le sobran los motivos que diría el maestro Sabina.
Fermín se queda y ayer ante el Valencia volvió a dejar claro el motivo. Sus dos goles y el premio MVP es una declaración de intenciones, un aviso a navegantes y un órdago dirigido a los dudosos, a los tibios y a los pusilánimes. ‘Haberlos haylos’. Ojalá este joven acabe siendo ‘el Thomas Müller del Barça’, sería una gran noticia para el onubense, pero mejor aún para el propio Barça. Fermín ya no es el ‘Soldado Universal’, Fermín ya es ‘Capitán’. Hansi Flick y Luis de la Fuente se relamen