El Real Madrid volvió a mandar un mensaje muy serio a la Euroliga con una victoria convincente (90-78) ante el Monaco (el equipo más anotador de la competición). El conjunto blanco fue superior de principio a fin, especialmente en una primera parte de enorme nivel defensivo, y confirmó que atraviesa su mejor momento de la temporada.
El partido tuvo también un fuerte componente ambiental. Desde la presentación inicial, Nikola Mirotić fue recibido con una pitada constante por parte del Palacio, un sonido de viento que le acompañó cada vez que pisó la pista. Enfrente, el Mónaco de Mike James y Vassilis Spanoulis se encontró con un Madrid serio, concentrado y con una lectura de partido excelente.
La clave estuvo en los primeros veinte minutos. Desde la defensa, el equipo de Sergio Scariolo secó por completo a un rival acostumbrado a anotar con fluidez. Solo 31 puntos encajados al descanso hablan de un trabajo colectivo impecable, con ayudas constantes, buena protección del aro y una enorme disciplina táctica. En ataque, el Madrid castigó cada desajuste con paciencia y claridad, moviendo el balón hasta encontrar siempre la mejor opción.
Y ahí emergió, una vez más, Facundo Campazzo. El base argentino tomó el timón del partido y no lo soltó. Marcó el ritmo, leyó cada ventaja y conectó a todo el equipo. Cuando Campazzo gobierna de esta manera, el Madrid se convierte en un equipo muy difícil de batir, capaz de controlar el marcador y el contexto emocional del encuentro.
La única nota negativa de esa primera mitad fue la lesión de Théo Maledon, que tuvo que retirarse antes del descanso. A la espera del parte médico oficial, el contratiempo dejó un pequeño sabor amargo en un primer tiempo casi perfecto.
Tras el paso por vestuarios, el partido entró en otro registro. Con una ventaja de 23 puntos, el Madrid bajó un punto la intensidad y el Mónaco, ajustando algunos detalles, logró hacer más daño. Hubo incluso conatos de remontada, reduciendo la diferencia hasta los nueve puntos, pero nunca dio la sensación de que el encuentro estuviera realmente en peligro. A pesar de un malísimo porcentaje en tiros libres, el conjunto blanco supo contemporizar, gestionar las posesiones y cerrar el triunfo con oficio.
Más allá del resultado, la victoria confirma las magníficas sensaciones del Real Madrid en este tramo de la temporada. Son cuatro triunfos de enorme autoridad en apenas seis días ante rivales de primer nivel como Barça, Valencia, Milán y el propio Mónaco. En Euroliga, el equipo se coloca segundo a la espera de lo que hagan Fenerbahçe y FC Barcelona, aventajando ya en una victoria a Valencia y Mónaco (dos, contando el average), y en dos a Panathinaikos, derrotado ayer en Tel Aviv.
En rueda de prensa, Sergio Scariolo fue claro respondiendo a mi pregunta sobre si este nivel se acerca al techo del equipo:
“Espero que no. No es el momento de estar arriba ni de mostrar el techo. Sería una noticia terrible que viéramos nuestro techo en enero”, afirmó el técnico, dejando claro que el margen de crecimiento sigue siendo amplio.
También pude preguntar a Spanoulis sobre a quién considera ahora mismo el equipo más sólido de la Euroliga, después de que Scariolo señalara días atrás al propio Mónaco. El entrenador griego apuntó a Hapoel Tel Aviv, Real Madrid y Olympiacos como los conjuntos a mayor nivel, aunque recordó que “todo puede cambiar en dos o tres jornadas” y que, desde luego, ellos no lo eran en este momento.
El Madrid entra ahora en un tramo decisivo del calendario. Cuatro salidas consecutivas —París, Panathinaikos, Dubái y Partizán— antes de poner el foco en la Copa del Rey. Un mes exigente que servirá para medir de verdad hasta dónde puede llegar este equipo. Un balance de 2-2 sería aceptable; un 3-1, claramente el objetivo. La dinámica invita al optimismo, pero como recordó Scariolo, lo importante no es estar arriba ahora, sino llegar cuando toca.