Cuarenta y cinco minutos bastaron para que el Real Madrid respondiera a la pregunta que llevaba toda la semana flotando sobre el Bernabéu: ¿qué versión del equipo de Mourinho iba a presentarse tras la derrota en La Cartuja y el sufrido triunfo continental ante el Inter? La respuesta llegó con un 4-1 contundente ante el Rayo Vallecano, aunque el resultado final escondiera una verdad más matizada: la de un equipo que todavía a dos velocidades, brillante cuando aprieta y errático en cuanto se relaja.
El primer acto no dejó lugar a la duda. El Madrid, con Vinícius Júnior desatado por la banda izquierda en busca de recuperar ese idilio con la grada que las últimas semanas habían enfriado, dominó con autoridad hasta cerrar el primer tiempo con un contundente 3-0 en el electrónico. El Rayo, sin embargo, no se presentó a especular: apostó por salir con personalidad y ritmo, algo que provocó el único sobresalto serio de la primera mitad, cuando una pérdida de Vinícius permitió a Sergio Camello recortar distancias mientras Pedro Díaz, poco antes, ya había estrellado un disparo en el palo. Un aviso que la grada, siempre exigente, no dudó en hacer notar con cierto malestar hacia sus futbolistas.
La segunda mitad, en cambio, confirmó el patrón que empieza a repetirse en este arranque de temporada blanco: el Madrid se desconectó por completo, cediendo el balón y el ritmo a un Rayo crecido que llegó a hacerse con el mando del partido durante un buen tramo, algo insólito para un equipo que llegaba a Chamartín con una sola victoria fuera de casa en toda la campaña. Pero cuando el partido pedía sentencia, apareció de nuevo Kylian Mbappé, que firmó un doblete que certificó la goleada y disipó cualquier atisbo de sorpresa, cerrando el 4-1 definitivo con la categoría que ya define su temporada.
El Rayo Vallecano llegaba al Bernabéu envalentonado tras remontar al Racing de Santander (3-2) gracias a un doblete de Camello, su primer triunfo del curso, aunque arrastraba las bajas por expulsión de Fran Pérez y Jorge de Frutos, y un dato preocupante, no había sumado ni un solo punto como visitante en toda la temporada, una losa que Chamartín no hizo sino confirmar aunque su fútbol merece más puntos de los que tiene.
Con este resultado, el Real Madrid vuelve a la senda de la victoria tras el tropiezo en Sevilla, aunque Mourinho sabe que la fiabilidad defensiva mostrada en la segunda mitad tendrá que mejorar sensiblemente si su equipo aspira a sostener el nivel exigido en un calendario que, entre Liga y Champions, no va a dar ninguna tregua en las próximas semanas.