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Foto: Imago

Girona

El Real Madrid cede un empate ante el Girona y se desangra en Liga

El calendario no tiene piedad con los equipos heridos. El Real Madrid llegó al Bernabéu este viernes con urgencias, con dos derrotas dolorosas seguidas (Mallorca y Bayern) y con la Liga convertida en un ejercicio de fe que ya pocos practican en la zona blanca de la clasificación. Álvaro Arbeloa alineó un once pensado en Múnich más que en el Girona: Asencio de central para dar descanso a Rüdiger, Militao sumando minutos de cara al miércoles, Camavinga y Bellingham con la vista puesta en lo que viene. El partido olía a trampa desde el primer minuto, y lo fue. El Girona, compacto y la disciplina de Míchel como argumento, se instaló en el Bernabéu como quien sabe que no tiene que hacer grandes cosas para llevarse algo.

La primera parte fue un tanteo con cierto ritmo y un punto de correcalles, el Real Madrid apretaba y el Girona amenazaba. El mejor jugador de los primeros 45 minutos fue Gazzaniga, que le paró un buen disparo a Fede Valverde con una estirada notable cuando el gol parecía inevitable. La mejor ocasión del Girona la tuvo Azzedine Ounahi con un disparo dentro del área que Lunin repelió con mano firme. Carvajal, en lo que van siendo sus últimas funciones en el Bernabéu, fue lo más vivo del equipo local en ataque. Mbappé, amonestado en el 35, se desesperó ante una defensa que le leyó los movimientos desde el arranque. Vinícius volvió a perder el balón cuando más daño podía hacer. El Bernabéu se fue al descanso pitando, que es la señal más inequívoca de que algo no funciona.

La segunda parte comenzó con otro Madrid, más presionante, más vertical. En el 47 Jude Bellingham llegó forzado a un centro de Brahim y rozó el 1-0. Tres minutos después llegó Valverde, que siempre aparece cuando la paciencia de todos se ha agotado: zapatazo desde fuera del área, mala decisión de Gazzaniga al no despejar y 1-0. El Madrid tenía 45 minutos para gestionar una ventaja mínima ante un rival con fútbol pero sin diente. Once minutos le duró la alegría. Camavinga dejó pasar a Thomas Lemar por delante suyo sin molestarse demasiado en cerrar el carril, Arnau le asistió, y el centrocampista francés -Campeón del Mundo con Francia en 2018- soltó un latigazo zurdo imposible para Lunin desde la frontal. El gol hundió al Madrid. Lo que vino después fue parsimonia, Mbappé reclamando un penalti bastante claro que Alberola Rojas ignoró con y sin VAR, y el Bernabéu resignado antes del pitido final.

El 1-1 deja al Madrid a seis puntos del Barcelona, que recibe este sábado al Espanyol, y si gana, la distancia ascenderá a nueve con siete jornadas por disputar. La Liga, en la práctica, se acaba aquí. El miércoles el Madrid viaja a Múnich a intentar remontar un 1-2 que le exige ganar por al menos dos goles en el Allianz Arena. Dos frentes abiertos y un equipo que este viernes volvió a demostrar que su mayor problema no es la calidad —que la tiene— sino la consistencia de un bloque que sigue sin encontrar la regularidad que distingue a los equipos que ganan títulos de los que los ven ganar a otros. Arbeloa, sin filtros en la sala de prensa, lo dijo sin rodeos sobre el penalti no pitado: «Es un penalti aquí y en la luna. Es lo que tenemos y es lo que hay». Esa frase podría ser el resumen de la temporada entera.

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