Un latigazo de Jack Grealish en el tiempo de descuento no solo culminó una sufrida remontada, sino que también puso fin a la impresionante racha de imbatibilidad del Crystal Palace, el último equipo invicto en la Premier League. El gol, el primero del extremo con la camiseta del Everton, fue una liberación y un punto de inflexión, tanto para el jugador como para su nuevo equipo, los Toffees, que se colocan a las puertas de Europa.
La euforia de su celebración en el Hill Dickinson Stadium lo decía todo: Grealish vuelve a sonreír. Tras su millonario traspaso al Manchester City en 2021 (el más caro de su historia) y una etapa de rendimiento menguante, el jugador de Birmingham buscó en el Everton el espacio para relanzar su carrera en calidad de cedido.
En tan solo siete encuentros con los Toffees, Grealish ha demostrado que el talento que deslumbró en el Aston Villa sigue intacto, canalizándolo ahora con una mayor eficacia táctica. Lejos de la presión de ser la máxima estrella, ha brillado con cuatro asistencias y, finalmente, su primera diana.
El gol de la victoria ante el Palace, si bien fue afortunado tras desviar un despeje fallido del defensa Daniel Muñoz, ilustra su visión de juego y su posicionamiento clave en el área. «Estaba donde tenía que estar«, y ese instinto de depredador fue crucial para sumar tres puntos vitales para el Everton.
El encuentro fue un claro ejemplo de cómo los ajustes tácticos de David Moyes en el descanso cambiaron el rumbo del juego. El Crystal Palace, bajo la dirección de Oliver Glasner, había dominado el primer tiempo, desplegando un juego incisivo con la distribución de Adam Wharton y las constantes amenazas ofensivas. El tanto de Muñoz justo antes del intermedio parecía confirmar la superioridad del Palace, que debió haber sentenciado el partido.
Sin embargo, Moyes reaccionó con la entrada de Carlos Alcaraz y Beto por Thierno Barry y Tyler Dibling. Estos cambios inyectaron urgencia y presencia física en el ataque del Everton, doblando a un Palace que hasta entonces parecía inexpugnable. A pesar de los fallos de Jean-Philippe Mateta, que perdonó dos oportunidades claras para el 3-0, el Everton encontró su camino: un penal bien ejecutado por Iliman Ndiaye restableció la paridad.
El golpe de gracia llegó en el 93′. Tras una espectacular parada de Dean Henderson a cabezazo de Beto, Grealish leyó el movimiento y desvió el rechace, certificando la remontada y la primera derrota del Palace de Glasner desde abril, poniendo fin a una racha de 19 partidos invicto.
Más allá del gol, Grealish demostró su calidad humana y su deseo de reencuentro con el fútbol. Recientemente, el jugador se había sincerado sobre la presión en el City y la necesidad de «volver a sentirse querido».
Tras ser elegido MVP del encuentro, Grealish no dudó en restar importancia a su premio, sugiriendo que «debería haber sido para Adam Wharton porque en mi opinión era el mejor jugador en el campo«. Un gesto de deportividad que subraya el nuevo capítulo que está escribiendo en el Hill Dickinson.
Con su rendimiento estelar y su renovada motivación, el «Toffee» de oro ha encontrado su lugar y ha demostrado que está listo para volver a ser esa pieza técnica y tácticamente diferencial en la Premier League. El Everton se coloca octavo con 11 puntos, soñando con Europa, y Grealish se afianza como el catalizador de esta nueva ilusión.