El Athletic de Ernesto Valverde llegaba a Montilivi con la urgencia de quien necesita puntuar para no perder el paso en la lucha por Europa. Tres semanas antes habían caído ante el Barcelona en San Mamés, y volver a perder ante un equipo catalán iba a significar la tercera serie de tres derrotas consecutivas en lo que va de temporada. El Girona, por su parte, tenía sus propias razones para ganar: llevaba tres partidos sin victorias y miraba demasiado hacia abajo en la clasificación para sentirse cómodo. Lo que el partido deparó fue un choque con una historia clara dividida en dos bloques: el primer tiempo de dominio gironí con gol tempranero, y el segundo de asedio bilbaíno que se estrelló sistemáticamente contra un Paulo Gazzaniga que estuvo inmenso bajo los palos. La combinación de ambas cosas produjo un marcador de 3-0 que castiga con severidad al Athletic y acerca al Girona a nueve puntos de la zona roja.
El 1-0 llegó en el minuto 4, casi antes de que el Athletic hubiera tenido tiempo de organizarse. Daley Blind conectó con Ounahi en la frontal del área, el marroquí abrió a Tsygankov por la banda y el ucraniano habilitó la entrada de Hugo Rincón, cedido precisamente por el Athletic, que cruzó el disparo desde el lateral del área para colocar el balón junto al poste más lejano de Unai Simón. Rincón no celebró el gol. La ley del ex en su versión más literal. El tanto hizo daño al Athletic durante varios minutos y el Girona aprovechó el desconcierto para dominar con comodidad. Ounahi, que no era titular desde el 12 de diciembre por lesiones y la Copa de África, fue el eje alrededor del cual el Girona construyó todo. Combinaciones de primera, cambios de juego, disparos desde la media luna. El Athletic respondió con un tiro sin peligro de Berenguer y alguna acción de Iñaki Williams que no llegó a concretarse, y antes del descanso Unai Simón tuvo que estirarse para desviar un remate raso de Vanat que pudo ser el 2-0.
En la segunda parte el Athletic salió a buscar el partido con mayor energía. Valverde metió a Guruzeta y Areso al descanso, y los leones empezaron a generar peligro real. Fue entonces cuando Gazzaniga se convirtió en el partido. En el inicio del segundo tiempo paró a bocajarro un disparo de Guruzeta cuando el delantero ya había superado a la defensa, después desvió una semivolea de Laporte desde el área pequeña y más tarde voló para mandar a córner un cabezazo del propio Guruzeta en lo que pudo ser el empate. El portero argentino terminó el partido con ocho paradas, el dato que mejor resume el desequilibrio entre lo que generó el Athletic y lo que obtuvo. Con el marcador instalado en el 1-0 y el asedio sin fruto, el partido se rompió definitivamente en el minuto 77. Echeverri asistió a Ounahi, que remataba contra un defensa; el rebote le volvió, y el marroquí no perdonó. El Athletic se rindió en ese momento. Tsygankov erró un mano a mano escandaloso en el 88, pero en el descuento él mismo asistió a Echeverri para que firmara el 3-0 en su primer tanto con la camiseta gironina.
El resultado deja al Athletic con 35 puntos, el mismo territorio en el que llevan semanas instalados, pero con la sensación de que el partido que tenían que ganar para seguir en la pelea por Europa se les fue de las manos sin que fueran capaces de crear el peligro suficiente para vencer a un portero. Valverde lo reconoció con la claridad que le caracteriza: «Los puntos que se van ahora no los recuperas y los que consigues son un tesoro.» Para el Girona, es la tarde en la que Ounahi les recordó lo que son capaces de hacer cuando él está disponible. Montilivi se puso en pie para despedirle cuando salió en el 83. Era el reconocimiento a un partido que había ganado casi él solo y que, al mismo tiempo, sirve para que el equipo de Míchel empiece a mirar hacia arriba en lugar de hacia abajo por primera vez en semanas.