Hay noches en las que el fútbol se olvida de los pronósticos y se entrega al vértigo de lo inesperado. Anoche, en Charlotte, el Benfica le dio un portazo al guion previsto y dejó al Bayern de Múnich con la mirada perdida y el marcador en contra. Un 1-0 que no solo vale el liderato del grupo C para los portugueses, sino que también sirve de recordatorio: en el Mundial de Clubes, la historia pesa, pero el hambre puede hacerse protagonista.
El golpe de Schjelderup y la receta lusa
El partido se decidió muy pronto, casi antes de que el Bayern pudiera acomodarse en el césped. Minuto 13: una transición rápida, Prestiani la deja pasar y Andreas Schjelderup, con la frialdad de los elegidos, cruza el disparo y vence a Neuer. Gol y a correr, literalmente, porque el Benfica entendió que la noche iba de resistir y de aprovechar cada descuido alemán.
Un Bayern irreconocible y un Benfica de autor
Vincent Kompany, técnico bávaro, apostó por las rotaciones: siete cambios respecto al partido anterior, medio equipo suplente y la sensación de que el Bayern jugaba con el freno de mano puesto, ya clasificado y sin necesidad de arriesgar. Lo pagó caro. El Benfica, con Otamendi, Di María y Prestiani de inicio, olió sangre y se parapetó atrás, dejando que el reloj y la ansiedad alemana hicieran el resto.
El Bayern tuvo el balón, las llegadas y hasta un gol anulado a Kimmich por interferencia de Kane en la visión de Trubin. Pero le faltó lo que le sobró al Benfica: determinación en las áreas y un portero inspirado. Trubin, héroe inesperado, sacó tres manos imposibles y fue el muro contra el que se estrelló el gigante bávaro.
El otro partido: Boca, eliminado desde la distancia
Mientras tanto, en Buenos Aires y alrededores, miles de hinchas de Boca miraban el partido con la calculadora en la mano. Necesitaban un favor alemán que nunca llegó. El triunfo del Benfica los dejó fuera del Mundial de Clubes, víctimas colaterales.
El Benfica se gana el derecho a soñar
El pitido final desató la fiesta portuguesa en Charlotte. El Benfica, que llegó con la soga al cuello, se va con el pecho inflado y el primer puesto del grupo. El Bayern, por su parte, avanza como segundo y tendrá que reflexionar si las rotaciones y la falta de hambre competitiva no le pasan factura más adelante.