El FC Barcelona ganó en el fuerte rojblanco con un gol de Robert Lewandowski en el 87, después de sobrevivir a un Atlético que se autodestruyó en el descuento del primer tiempo.
El Metropolitano tiene algo de trampa bien tendida. Simeone lleva años construyendo un estadio que no es solo un estadio: es una presión atmosférica, un ruido que te aprieta el pecho, un campo donde la lógica del fútbol a veces se dobla. El sábado por la noche, el Barcelona llegó con el 69% de posesión en los pies y la cabeza, y salió con los tres puntos en el bolsillo. No fue bonito. Fue mejor que bonito: fue real.
El Atlético marcó primero, en el 39. Tenía sentido. Con 31% de balón, Simeone había construido su habitual búnker en movimiento: bajo, compacto, esperando el error ajeno. Lo encontró y lo metió dentro. Simeone Jr. fue el autor del gol que adelantaba a los locales en el 39′. Tan solo tres minutos después el Barcelona empató tras un tuya-mía entre Dani Olmo y Marcus Rahsford que el inglés mandó a guardar. Y entonces llegó el descuento del primer tiempo con Nico González trabando a Lamine Yamal en el límite del área y siendo expulsado.
Lo que pasó en esos minutos finales de la primera parte fue un espectáculo de autodestrucción colectiva con el Atlético como protagonista involuntario. Cuatro tarjetas amarillas, una roja, el caos institucionalizado. Simeone mirando desde la banda cómo su equipo se desmontaba justo antes del descanso. El árbitro sacando cartulinas como si repartiera propaganda. El Metropolitano, de golpe, en silencio.
La segunda parte fue un trámite de control con suspenso. El Barcelona, con un hombre más, manejó el partido con 23 remates frente a 6 del rival. Nueve entre los tres palos. El Atlético aguantó, porque siempre aguanta, porque eso también lo tiene en el ADN. Pero en el 87 apareció Robert Lewandowski. El polaco, que lleva años enterrado y resucitando sin avisar, puso el 1-2 y sentenció una noche que empezó como trampa y acabó como demostración. Destacar el protagonismo de Joao Cancelo, que fue un puñal y seguramente el MVP del choque. El carrilero luso quiere quedarse en Barcelona y está haciendo méritos para ello.
Tres puntos fuera, en el Metropolitano, en abril. El Barcelona sabe muy bien lo que tiene entre manos y está mentalizado para gestionar esos 7 puntos de renta que le deberían dar su tercer título de Liga en los últimos cuatro años.