Hay un hombre que lleva treinta años desafiando a la física, al tiempo y a la propia biología para demostrar que el talento innato exento de trabajo es una mentira cómoda que los mediocres cuentan para dormir tranquilos.
Cristiano Ronaldo no nació con un don. Lo construyó. Lo moldeó. Cada centímetro de ese salto vertical que desafía la gravedad, cada disparo que convierte en geometría sagrada, cada sprint a los 41 años que avergüenza a chicos con la mitad de su edad: todo eso es voluntad hecha músculo.
Su juego es una ecuación de poder y precisión. La explosión lateral, la diagonal perfecta, el remate que encuentra el ángulo donde el portero no existe. Pero más que el gesto técnico, lo que define a Ronaldo es la ferocidad. Esa necesidad casi animal de ser decisivo, de que el partido lo recuerde, de que el marcador lleve su firma. Egolatría para unos y ambición para otros. Gasolina en cualquier caso.
Los números son obscenos: más de novecientos goles en competición oficial, cinco Balones de Oro, cinco Ligas de Campeones, un récord de goles en selecciones que nadie toca. Portugal lleva décadas siendo él, y él lleva décadas siendo Portugal. Roberto Martínez no tiene un delantero, tiene un depredador.
Ahora llega el Mundial de 2026. El sexto y el último en su prolífico libro de servicio. Y la pregunta no es si podrá. La pregunta es si habrá guión suficiente para contenerlo. ‘El Bicho’ vio con envidia lo de Messi en 2022, busca su epílogo de gloria y viene arropado con una Portugal de muchos quilates. Se avecina tormenta y el tornado de Funchal no cierra carreras en silencio. Las cierra haciendo ruido, elevando el tono, recordándole al mundo que los dioses no se retiran, se transforman.
Sí, el desafío es total. En México, Estados Unidos y Canadá, un hombre de 41 años va a intentar lo imposible: darle un Mundial a Portugal. Y la mitad del mundo lo mirará pensando: quizás sí puede.
Papá de Miranda. Orgulloso hijo de gallego y asturiana. Dejé 13 años como abogado por fundar y dirigir Sphera Sports, con lo que ello supone. Asumo las consecuencias. Hice 'mili' en Pisa y en Bristol. Me gustan las orcas, los países escandinavos y un gol en el 90'.