No sabemos hasta cuándo va a durar el sueño mexicano, pero de momento nadie se atreve a despertar al Tricolor. El país convive con la ilusión y una pregunta que se repite una y otra vez: ¿y si sí? México ha hecho méritos para entusiasmarse. Ha alcanzado por fin el “quinto partido”, algo que no lograba desde hace 40 años, aunque la historia sigue midiendo su techo en los octavos. El equipo del ‘Vasco’ Aguirre ha cambiado la narrativa: cuatro victorias y, hasta la fecha, la única selección del Mundial que ha superado los dieciseisavos sin encajar un gol. Lo hizo en el Azteca, arropado por sus incondicionales.
El partido, ya para la historia, no dejó dudas. México salió sin complejos ante una Ecuador que fue segunda en las eliminatorias de la Conmebol y con nombres de la élite europea. Fue superior desde el inicio, con un primer acto extraordinario donde Gilberto Mora mostró sus virtudes al mundo con una personalidad asombrosa, la generosidad del Piojo Alvarado volvió a manifestarse y Erik Lira encarnó el compromiso con una actuación soberbia.
El premio a la superioridad llevó el nombre de Julián Quiñones. Gol, y asistencia. No podía ser otro. Llegó a la liga MX para cimentar una carrera y terminó construyendo una vida. Ha abrazado con fuerza la oportunidad de vestir la camiseta del Tri, convirtiendo el gol en una costumbre. Con Raúl Jiménez formó una sociedad decisiva.
México logró que Ecuador no se pareciera ni un ápice a lo que se esperaba de ella. En el segundo tiempo agarró su ventaja sin dejar que el rival le intimidara. A pesar de los intentos de Beccacece, no pudo hallar grietas en el sistema de Javier Aguirre.
El ‘Vasco’ ha firmado una victoria “como ninguna porque es en tu casa con tu gente”. Hoy suenan los mariachis, se brinda con tequila y, mientras esperan a Inglaterra o RD del Congo, se agarran de las manos porque “cantando se alegran los corazones”. México llena los estadios porque nunca ha dejado de creer. La ilusión no consiste en acertar el final de la historia, sino en seguir creyendo que merece la pena escribirla.