La llegada de Álex Corredera al Real Sporting de Gijón ha supuesto el aterrizaje de un futbolista que combina la pulcritud técnica de La Masía con una madurez competitiva digna de conocer. Tras una aventura en el fútbol ruso, el mediocentro catalán analiza con una honestidad brutal su proceso de adaptación, la importancia de la salud mental y lo que significa llevar la manija del juego en un escenario tan exigente como Gijón.
Un Máster físico en Rusia
Su paso por el FK Jimki fue breve pero transformador. A pesar de que el club terminó desapareciendo por cuestiones externas, Corredera se trajo consigo una lección de supervivencia futbolística. «El año pasado en Rusia era un fútbol muy directo, muy de duelos, mucho de ida y vuelta», explica, señalando que esa intensidad le ha facilitado el encaje en el bloque actual del Sporting, al que define como un «híbrido»capaz de transitar rápido pero también de generar volumen de juego.
Incluso los detalles más cotidianos supusieron un aprendizaje: «Había que hacer mucho hincapié en el calentamiento previo… en muchas épocas del año tienes que salir ya con un nivel de activación alto para evitar lesiones». Ese rigor físico es el que hoy le permite ser el pulmón del equipo en el norte de España.
La psicología del duelo
Para Corredera, el mediocentro es el termómetro del equipo. Su visión del juego más allá del pase limpio, se trata de una vigilancia constante de 360 grados. Según el propio jugador, su posición exige «estar escaneando todo el rato» para detectar si el plan de partido está fallando y ajustar las piezas sobre la marcha.
Esa lectura incluye descifrar el lenguaje corporal y el estado anímico del oponente. Corredera analiza los vídeos individuales de sus rivales directos (mediapuntas o extremos que caen a su zona) para conocer sus piernas dominantes y si rehúyen el duelo, pero la verdadera diferencia la marca en el césped:
«Si ves que el rival lleva un par de pases errados o un par de controles que se le han ido, a lo mejor es momento de apretarle más, saltarle y hacer que se equivoque. En cambio, si el jugador está en un estado donde le salen las cosas y sabes que no vas a saltar a tiempo, es mejor esperar para que no te superen fácil y dejes al equipo tirado.«
Esta gestión del riesgo es clave en su juego. Álex prefiere «dar un poco de distancia» a un rival muy hábil en el uno contra uno si eso evita que sea eliminado y deje a sus centrales expuestos. «Siempre prefiero tener al rival enfrente y que esté circulando el balón que no poder saltarle, equivocarme, y que vaya contra los centrales», reflexiona, demostrando que su prioridad es siempre el orden colectivo.
El trabajo invisible: «Hacer mejores a los demás«
El centrocampista pone en valor lo que él llama el «trabajo invisible»: ese posicionamiento que evita líneas de pase sin necesidad de tocar el balón. «Muchas veces creo que el mediocentro hace un buen partido cuando los demás pueden hacer muchas cosas aunque él no salga tan beneficiado», afirma con generosidad. Su rol es el de nexo, el que decide cuándo acelerar o desacelerar y el que debe «ordenar a los delanteros para que se acerquen o limitar la distancia entre líneas» cuando la presión en bloque alto no está funcionando.
El diván y el césped para superar la duda
Quizás la parte más humana de Corredera surge al hablar de su salud mental. El paso de la «nube» del Barça al fútbol de barro no fue sencillo, y menos aún cuando una lesión de pie le obligó a jugar con dolor durante meses. Fue ahí donde recurrió a la ayuda de psicólogos y coaches para recuperar al «Álex valiente».
«El fallo no es el problema, sino no volverlo a intentar».
«Las veces que he tenido dudas, lo he hecho enfrentando el miedo a fallar, mi yo contra mí mismo«, confiesa. En los entrenamientos, se obligaba a pedir el balón sin descanso asumiendo que «El fallo no es el problema, sino no volverlo a intentar». Su filosofía actual es sanadora: «Lo que ya pasó, el pase que ya fallaste… ya pasó, y lo importante es el siguiente». Esta autoexigencia, que antes le «machacaba la cabeza», ahora la canaliza para entender el juego con serenidad.
El orgullo de Gijón: «Un futbolista de Primera»
Finalmente, Corredera se rinde ante la atmósfera de Asturias. «Te sientes un futbolista de Primera División, vas por la calle un martes y te encuentras gente con la camiseta del Sporting», relata. Para él, el código del sportinguismo es sencillo: hambre y entrega. «Este es un sitio donde la gente solo te pide que lo dejes todo». Su objetivo es claro: aportar su granito de arena para que esa afición que llena El Molinón pueda volver a disfrutar pronto de la máxima categoría.