La Primera División cuesta y en La Rosaleda lo saben. Carlos Dotor firmó, en el minuto 12, algo que ningún otro futbolista del Málaga había logrado en toda la temporada: poner a su equipo por delante en el marcador de un partido de Primera. La jugada, resuelta con una transición veloz de David Larrubia que encontró a Juan Cruz y este a Dotor dentro del área, desató la locura entre los 30.000 espectadores de La Rosaleda, convencidos de estar presenciando el inicio de un triunfo deseado desde hace años. Pero aquel breve espejismo, el único que este Málaga había conseguido construir en todo el curso, se desvaneció en apenas treinta y cinco minutos ante la reacción de un Villarreal que terminó imponiéndose 1-3, con Pape Gueye firmando un doblete que certificó la primera victoria amarilla de la temporaday el primer triunfo de Iñigo Pérez al frente del submarino groguet.
El gol de Dotor obligó al Villarreal a reaccionar, y la respuesta llegó con contundencia. El conjunto de Íñigo Pérez, que había arrancado el partido controlando el centro del campo sin encontrar todavía la recompensa en el electrónico, empezó a ganar metros a través de Ilias Akhomach y Alberto Moleiro, hasta que en el minuto 40 el propio Moleiro aprovechó un centro atrás del marroquí para firmar el 1-1. La igualada, lejos de calmar el ritmo del partido, aceleró el desenlace: en el descuento de la primera mitad, con Pape Gueye ya sobre el césped tras sustituir al lesionado Santi Comesaña, el senegalés apareció desde segunda línea para rematar una asistencia de Ayoze Pérez y certificar el 1-2 con el que se llegaría al descanso, completando una remontada relámpago que dejó completamente descolocado al conjunto de Juan Funes.
La segunda mitad, con el Málaga intentando reaccionar a través de sus cambios, tuvo su momento de mayor peligro local con un cabezazo de Ayoze que Recio sacó providencialmente bajo palos, en la única acción reseñable de un Villarreal que, por lo demás, controló con solvencia el resto del encuentro. La sentencia llegó en el minuto 86, cuando Gueye transformó un penalti para completar su doblete particular y certificar el 1-3 definitivo, dejando sin ninguna opción de reacción a un Málaga desdibujado.
Con este resultado, el Villarreal sale de la zona de descenso y estrena su casillero de triunfos en la era de Íñigo Pérez, mientras que el Málaga, que seguía siendo, junto al Valencia, el único equipo de LaLiga que no había logrado adelantarse en el marcador en toda la campaña, ve cómo esa breve excepción se convierte en anécdota: cae al puesto de penúltimo clasificado con tres puntos, sin conocer todavía la victoria en su regreso a Primera División.