Hay carreras que se ganan en un cronómetro y otras que se ganan en un territorio. El Descenso Internacional del Sella pertenece a la segunda categoría: 20 kilómetros de agua que cada primer sábado de agosto dejan de ser un río para convertirse en un pasillo humano, ruidoso y espeso, entre Arriondas y Ribadesella. Este sábado, en su 88ª edición, ese pasillo volvió a rendirse ante dos nombres locales.
Walter Bouzán y Alberto Llera, del Club El Sella, revalidaron el título con un tiempo de 1h 08:26, resuelto en el último aliento con un sprint que dejó apenas un segundo de renta sobre Miguel Llorens y Valdemar Jørgensen. La carrera, más ajedrez táctico que exhibición de fuerza durante buena parte del recorrido, se fue descomponiendo pieza a pieza a la altura de Triongu y del temido Rabión del Diablo, hasta llegar a La Requexada con un grupo reducido y todo por decidir. Para Bouzán, decimotercer triunfo en el Sella. Para Llera, el segundo. Para el club riosellano, la confirmación de que en su propio río no se regala nada.
La salida, como manda la tradición, tuvo su liturgia: el pregón de Santi Cazorla desde el puente de Arriondas, el himno de Asturias cantado por miles de gargantas, y un gesto histórico —Sara Ouzande, campeona de Europa y del Mundo en K4 500, se convirtió en la primera mujer en accionar el cepo de salida en 88 ediciones—. Casi 1.300 palistas de 22 países se lanzaron al agua sobre 874 embarcaciones, estrenando además el renovado puente Emilio Llamedo.
Pero si hay una historia que merece titular propio, es la de Amaia Osaba. La navarra, de 51 años, sumó en el K2 femenino su décimo triunfo en el Sella —el primero fue en 2005— junto a la avilesina Llara Tuset, con quien el año pasado se tuvo que conformar con la plata. Osaba y Tuset completaron el recorrido en 1h 22:13, sacando más de un minuto a Marina Martínez y María Reus, segundas, y dejando en el podio a la pareja húngara formada por Panna Csepe y Panna Sinko. Diecisiete años consecutivos sin bajarse del cajón dicen más sobre una carrera deportiva que cualquier palmarés.
En K1 femenino, la victoria fue para la húngara Zsofia Czellai (1h 26:05), por delante de la navarra Irati Osa y de Andrea Rodríguez; en la individual masculina, el local Alberto Plaza se impuso con 1h 14:08.
Más allá de los tiempos, el Sella volvió a demostrar lo que lo distingue de cualquier otra prueba de piragüismo del calendario: no es solo una competición, es un acontecimiento que desborda el cauce. Puentes, caminos y márgenes ocupados por una marea humana que no acompaña un deporte minoritario, sino que celebra una tradición que nació en 1930 de la mano de Dionisio de la Huerta y que hoy sigue siendo, con permiso de cualquier otra cita asturiana, la prueba deportiva más antigua y más viva de la región.