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“¿Y por qué no?”
Aymeric Laporte no necesitó más de cuatro palabras para resumir lo que España lleva meses demostrando sin gritarlo: “¿Y por qué no?”
Y ahora, a 48 horas de una final del Mundial, esa pregunta ya no es una boutade de vestuario. Es una certeza sustentada con sensaciones y estadísticas por debajo.
