Setenta y dos años después, Suiza volverá a disputar unos cuartos de final de un Mundial. La selección helvética sobrevivió a un exigente pulso con Colombia, resistió durante 120 minutos sin encajar y acabó imponiéndose en la tanda de penaltis para citarse con Argentina entre los ocho mejores del torneo. Un premio enorme para un equipo que volvió a demostrar su fortaleza competitiva y su capacidad para mantenerse en pie cuando el margen de error desaparece.
El encuentro respondió desde el inicio a lo que se esperaba de dos selecciones muy ordenadas. Colombia asumió algo más de protagonismo con el balón y trató de encontrar los espacios entre líneas, mientras Suiza se mostró fiel a su estilo, sólida en defensa y paciente para esperar su oportunidad. Las ocasiones aparecieron con cuentagotas y ambos porteros transmitieron seguridad cuando fueron exigidos, manteniendo intacto el marcador al descanso.
La segunda mitad elevó el ritmo. Colombia dio un paso adelante y obligó a Kobel a intervenir en varias acciones de mérito, mientras los suizos respondían con rápidas transiciones que también inquietaron a la zaga sudamericana. Ninguno de los dos equipos, sin embargo, encontró la precisión necesaria en los metros finales y el partido terminó desembocando en una prórroga tan igualada como tensa, marcada por el desgaste físico y el temor a un error que resultara definitivo.
Con las fuerzas al límite y el 0-0 inamovible tras 120 minutos, la eliminatoria se decidió desde los once metros. Allí apareció la serenidad de Suiza, impecable en una tanda que terminó resolviendo por 4-3. Colombia, que volvió a competir de tú a tú frente a una selección europea, se quedó a un paso de igualar su mejor actuación mundialista, mientras el combinado helvético rompió una espera de más de siete décadas para regresar a unos cuartos de final en los que le espera la vigente campeona del mundo, Argentina.