Se ha despedido del Mundial, pero se ha quedado en nuestros corazones. Curazao empezó a calar antes de que iniciara el torneo, cuando muchos se preguntaban dónde se ubicaba. Un territorio de poco más de 150.000 habitantes que, durante unas semanas, apareció en el mapa futbolístico mundial. Ser el país de menor población en la historia de los Mundiales le puso en el foco, pero nos dejó mucho más que un dato.
Su fase de grupos se salda con dos derrotas y un empate, pero también con varios hitos. El gol de Livano Comenencia ante Alemania ha quedado grabado como un instante irrepetible. Un disparo que atravesó la jerarquía del fútbol. El empate ante Ecuador se sostuvo con la resistencia de Eloy Room, guardameta de 37 años que compite en la segunda división de Estados Unidos. Sus 15 paradas constituyen la segunda mejor actuación de un portero en un Mundial.
Los récords también llegaron al banquillo, donde Dick Advocaat dirigió esta aventura convirtiéndose en el técnico más veterano de la historia de la Copa del Mundo. El neerlandés había dejado el cargo por la enfermedad de su hija y regresó poco antes del torneo, convencido también por el deseo de sus futbolistas. Sus lágrimas resumieron lo que había significado este viaje.
Fuera del césped, Curazao cautivó. Su modesto autobús contrastaba con el despliegue de las grandes selecciones. En él cabían la música, los bailes, su cultura, su identidad. Para Curazao, llegar fue su conquista.
Una de las teorías más difundidas apunta a que su nombre procede de la palabra portuguesa curação, «curación». Una casualidad etimológica que parece cobrar sentido después de su paso por el Mundial, donde historias como las de Curazao son un antídoto contra la toxicidad. Ya no es solo un lugar que muchos aprendieron a situar en el mapa. Es una de esas selecciones que recuerdan por qué este deporte sigue siendo capaz de emocionar. El país más pequeño dejó una huella inmensa.