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Foto: Valencia Basket

Baloncesto

Largo será el camino

Hay maneras y maneras de ganar. Anoche, en el Palau Blaugrana, el Valencia Basket hizo algo más que cerrar una final con autoridad. Ganó 84-108 al Barça, cerró la serie por 3-1 y conquistó la segunda Liga Endesa de su historia, nueve años después de aquella primera conquista de 2017. Pero este equipo merece ser contado por algo más profundo que el resultado.

“Largo será el camino” (“Llarg serà el camí”) fue el lema que ha marcado durante esta temporada a la capital del Turia. Un equipo que ha sufrido derrotas durísimas. Ha perdido de las formas más dolorosas posibles. Recuerdo la semifinal de Copa en casa contra el Madrid, el segundo partido contra Panathinaikos que ponía el 0-2 con el game winner en la prórroga de Hayes-Davis o incluso el primer partido de esta final, con un Clyburn desatado. Noches en las que jugar bien no alcanzaba, momentos en los que el sueño parecía demasiado grande para alguien que lo ve desde fuera.

Sin embargo, Valencia nunca ha decaído, nunca ha querido llegar antes de tiempo. Siempre se ha recompuesto, siempre se ha mantenido fiel a sus ideas. Quiso llegar al final del camino siendo Valencia. Y ser Valencia implicaba ser el equipo más divertido de todo el viejo continente; nadie me va a bajar de ese barco. La valentía, la libertad y el hambre de jóvenes jugadores por bandera, pero también la personalidad y la pasión de un equipo con alma. Y sí, la historia tendrá un rostro principal. El de Jean Montero, MVP de la final con 23,7 puntos de media, 5,5 asistencias y una sensación constante de poder hacer lo que le daba la gana en todo momento. Para mí, el mejor jugador de Europa esta temporada.

Pero los equipos que dejan huella nunca son de uno. Son del chico que juega como si el mundo fuese pequeño para él, como Pradilla; del joven que mira al futuro sin paciencia para esperarlo, como Larry; del talento silencioso, como Badio; del desparpajo de Moore; del pívot que abre la pintura y el camino, como Costello o Reuvers; del que llega hace dos meses y parece de toda la vida, como Cárdenas; del fichaje secundario que termina siendo imprescindible, como Key; o del guerrero que no sale en la foto y aparece siempre, como Taylor.

Y seguramente me dejo jugadores porque en esta plantilla todo el mundo aporta, pero del que no me olvido es de Pedro Martínez. Confiar. Equivocarse. Volver a confiar. Perder. Levantarse. Ganar. Y volver a ganar sin negociar jamás una filosofía. Quizá por eso este equipo ha sido diferente. Y el contexto lo hace todavía más simbólico:

Ha sido el año taronja. El año en que el femenino volvió a levantar la Liga. El año en que la ciudad presentaba al mundo el magnífico Roig Arena. El año de la Copa en casa. Pero, sobre todo, el año del adiós de un equipo en crecimiento para dar paso a un equipo ganador. Y es verdad que da la sensación de que se acaba un ciclo. Llegarán otros jugadores, otros retos y otras noches. Pero creo que cualquier amante del baloncesto recordará siempre al Valencia Basket de esta temporada. El Valencia que maravilló, compitió, nunca se rindió y finalmente ganó.

Ha sido largo, sí, pero después de todo… aquel camino tan largo mereció completamente la pena, ¿no?

Analista especializado en baloncesto nacional y europeo. Junto a Sergio Martínez gestiono @2colegas, un proyecto con mucha Euroliga y ACB. 2 amigos de la infancia que comparten pasión: el baloncesto y la comunicación.

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