San Mamés acogió el sábado por la noche uno de esos partidos que el marcador final no termina de reflejar en toda su dimensión. El Athletic llegaba al encuentro con el orgullo herido tras caer eliminado en Copa del Rey ante la Real Sociedad, y lo hizo ante un Barcelona que arrastraba su propia frustración después de quedarse a un gol de la remontada histórica frente al Atlético de Madrid. Ambos equipos venían con la huella del esfuerzo copero en las piernas, y eso se notó en el once inicial de Flick, que dejó en el banquillo a Pedri, Raphinha y Lewandowski. Ernesto Valverde, por su parte, también gestionó la fatiga reservando a Sancet y Guruzeta. El escenario estaba servido para un partido áspero, disputado y sin ningún regalo.
El primer tiempo confirmó esa lectura. El Athletic apretó desde el inicio con una intensidad alta, encadenando presiones que incomodaron al Barcelona en la salida de balón y encerraron al equipo de Flick durante largos tramos. Iñaki Williams tuvo una ocasión clara, Joan García respondió con una buena parada, y el Barça apenas pudo instalar su fútbol en campo rival. Los de Valverde rozaron el gol en el primer tiempo con un remate de Robert Navarro que se marchó desviado, y el descanso llegó con el marcador a cero y San Mamés convencido de que el partido estaba al alcance de su equipo.
La segunda parte cambió de signo con la entrada de Pedri al campo. El canario alteró la circulación del Barcelona, que empezó a encontrar espacios con más frecuencia en el mediocampo rival. Sancet también había entrado por el Athletic y generó dos llegadas peligrosas seguidas que Joan García resolvió con solvencia. Era el Athletic el que más cerca estaba del gol cuando llegó el único tanto del partido. En el minuto 68, Pedri cambió el juego con un pase raso hacia la banda derecha, Lamine Yamal recortó a Adama Boiro al pisar el área y mandó un zurdazo con rosca a la escuadra de Unai Simón que entró rozando el palo. Un gol de calidad incuestionable que decidió un partido que el Athletic probablemente no merecía perder.
Lo que vino después fue el epílogo lógico de un partido con ese guión. El Athletic se lanzó hacia adelante con todo lo que tenía, San Mamés rugió, y el Barcelona se fue replegando hasta encerrar el resultado. Flick reordenó su defensa con la entrada de Araujo y selló el partido con contragolpes. Un gol anulado a Iñaki Williams en los minutos finales por fuera de juego fue el último símbolo de una noche en la que los rojiblancos generaron, compitieron y se quedaron con las manos vacías.
En la tabla, el Barcelona cierra la jornada con 67 puntos y cuatro de ventaja sobre el Real Madrid, que la víspera había ganado en Balaídos en el último suspiro. El Athletic se queda noveno con 35, a cinco puntos de los puestos europeos. Tres puntos que el marcador entrega al Barcelona pero que San Mamés, con plena justicia, siente que no le llegaron por mérito propio sino por la diferencia de clase de un jugador de 18 años capaz de decidir cualquier partido con un solo toque.
NOTA: El dato que publicaba Mister Chip es realmente revelador: Lamine Yamal ha marcado 50 goles en competiciones profesionales (44 con el Barcelona y 6 con la selección española) con 18 años y 237 días.
Lionel Messi llegó a los 50 goles con 20 años y 315 días.
Cristiano Ronaldo alcanzó los 50 goles con 21 años y 297 días.