El Nottingham Forest llegó al Etihad con el traje de víctima y se marchó con el alma de superviviente. El conjunto de Vítor Pereira llegaba a Manchester en el puesto 17, a apenas dos puntos de la zona de descenso, cargando con el peso de un calendario infernal y una plantilla al límite de sus fuerzas. Lo que ocurrió el miércoles por la noche en el feudo de Guardiola, sin embargo, difícilmente se entiende desde la lógica del fútbol convencional: el equipo que menos tuvo el balón, que menos remató, que menos pisó el área rival, terminó arrancando un punto que ningún marcador previo hacía presagiar.
El Forest salió con energía y creó la primera ocasión en los primeros compases, con un remate de Elliot Anderson bloqueado antes de que Gibbs-White dirigiera un cabezazo directo a las manos de Donnarumma. A partir de ahí, el City tomó el mando con la naturalidad de quien juega en casa y sabe lo que se juega. Semenyo abrió el marcador en el minuto 31 al conectar de volea el centro medido de Rayan Cherki, enviando al City por el camino esperado ante un Forest que había creado muy poco en la primera mitad. Todo apuntaba a una noche de trámite. El guión, sin embargo, tenía otros planes.
Porque lo verdaderamente llamativo del partido no fue lo que hizo el City, sino lo que logró el Forest con tan poco. Con un xG de apenas 0,97 y sólo cuatro tiros entre los tres palos, los visitantes convirtieron dos de esas ocasiones en gol. El primero llegó en el 56 con uno de los remates más audaces de la temporada: Igor Jesus remató hacia atrás en el segundo palo y Gibbs-White sorprendió a Donnarumma con un taconazo instintivo que dejó helado al portero italiano. El segundo, obra de Elliot Anderson en el 76, fue de una frialdad pasmosa: tras una combinación con Hudson-Odoi en el borde del área, el centrocampista disparó raso a la esquina inferior derecha desde larga distancia. Entre medias, Rodri había devuelto la ventaja al City con un cabezazo en el saque de esquina. Dos veces por delante, dos veces igualados. El City dominó; el Forest decidió.
Gibbs-White marcó su gol número 25 en la Premier League con el club, superando a Bryan Roy, situándose ahora sólo por detrás de Chris Wood como máximo goleador de los Tricky Trees en la historia de la competición. Es el tipo de jugador que en otro contexto vestiría otra camiseta, y que aquí, en medio de una lucha descarnada por la permanencia, carga con el equipo sobre los hombros con una naturalidad que desconcierta. En los últimos instantes, Murillo añadió su nombre a la causa despejando sobre la línea el disparo de Savinho con el último toque del partido, en un final de infarto que resumió a la perfección lo que fue el encuentro: caótico, intenso y profundamente injusto para quien se queda mirando sólo el marcador.
Las consecuencias van más allá del partido. El Arsenal ganó 1-0 en Brighton en paralelo y se colocó a siete puntos del City, con el destino de la Premier League en sus propias manos por primera vez en mucho tiempo. Para el City, un golpe duro. Para el Forest, un punto que podría valer muchísimo más de lo que indica en la tabla. Y para el resto, el recuerdo de una noche en la que el fútbol recordó, una vez más, que los números mienten y que el marcador final a veces es el único dato verdadero.