Para ganar una final, primero hay que jugarla. La de este sábado hace mucho tiempo que se empezó a gestar. Una temporada construida, peldaño a peldaño, de dos equipos que han luchado en el barro para llegar hasta este momento definitivo.
Para una afición, la final del Playoff de ascenso es mucho más que un partido de fútbol. Pasión y esperanza, juntas de la mano, de generación en generación. La ciudad se detiene, y se crea una conexión liderada por una fidelidad inquebrantable. En el Carlos Tartiere, para escribir el capítulo final, se encontrarán dos colores y una misma razón en ambos lados: el amor incondicional.
Para el Mirandés esta final significa cumplir un sueño, lograr entrar en una gloria desconocida. La historia ya la ha escrito con su primera clasificación al Playoff. Más, teniendo en cuenta que los de Lisci lucharon por evitar el descenso en la última jornada del curso anterior. Mañana parten con una ventaja que les hace creer para transformarlo en realidad.
Para el Real Oviedo se trata de un regreso que llevan esperando durante 24 años. Y aunque lleven un gol en contra, como ellos dicen, vienen de pintar el infierno de azul. En Oviedo reina la convicción de que esta vez, en casa, se materializará. En esta cuenta pendiente, estará de nuevo Santi Cazorla que, tras vivir el calvario de once intervenciones, volvió donde todo empezó, tomando una decisión que va mucho más allá de su rol en el campo.
El Playoff es tan emocionante como desgarrador. Porque solo podrá quedar uno, y el que no obtenga el premio experimentará ese vacío inevitable que, de manera algo ficticia, le hará sentir que toda la temporada se esfuma de un soplido. No es del todo real, porque este curso ya será inolvidable para ambos; justamente el que les ha llevado a vivir esa sensación indescriptible que desde hace días se respira en el aire y que, con el paso de las horas, irá incrementando hasta transformarse en ese inconfundible nudo en el estómago. Cualquiera hubiera soñado a principios de temporada con tener una cita mañana a las 21h. Abuelos, padres, hijos, amigos, vecinos, compañeros. Allí estarán, para arropar a los suyos pase lo que pase. Ganar también es esto.