Francia arrancó su participación en el Mundial con una victoria por 3-1 ante Senegal en un partido que exigió paciencia y una notable mejora tras el descanso. El combinado francés se encontró con un rival intenso, atrevido y capaz de discutirle el control durante muchos minutos, pero terminó imponiendo la diferencia de talento que atesora en los metros decisivos. Kylian Mbappé, con un doblete, fue el gran protagonista de una noche al convertirse en el máximo goleador histórico de la selección francesa.
La primera mitad dejó mejores sensaciones en Senegal que en Francia. El conjunto africano presionó con agresividad, encontró espacios para correr y dispuso de algunas aproximaciones peligrosas, mientras los de Didier Deschamps se mostraban espesos en la circulación y demasiado previsibles cerca del área rival. Sin embargo, el encuentro cambió de dirección tras el paso por los vestuarios. Francia ganó presencia entre líneas y encontró en Michael Olise, MVP del partido, el futbolista capaz de acelerar el juego y conectar con sus atacantes.
El desequilibrio llegó en el minuto 66. Olise filtró un magnífico pase para Mbappé y el delantero francés definió con la contundencia habitual para abrir el marcador. A partir de ahí, Senegal se vio obligada a asumir más riesgos y Francia encontró los espacios que había echado de menos. En uno de esos ataques, Bradley Barcola amplió la ventaja en el minuto 82 y pareció sentenciar definitivamente el choque.
Aun así, el tramo final guardó emociones. Ibrahim Mbaye aprovechó un error de Mike Maignan para recortar distancias en el 95′ y devolver algo de incertidumbre al marcador. La reacción francesa fue inmediata. Apenas un minuto después, Mbappé recogió el balón lejos del área y firmó un gran disparo para establecer el 3-1 definitivo, cerrando una actuación decisiva y despejando cualquier duda sobre el estreno de los galos.
El resultado coloca a Francia en una posición privilegiada en el Grupo I, pero también deja algunas conclusiones para el futuro. El conjunto de Deschamps necesitó ajustar piezas y elevar el ritmo para superar a una Senegal competitiva, valiente y mejor de lo que refleja el marcador. Cuando Francia encontró fluidez en la creación y logró activar a Mbappé, el partido quedó bajo control. Y esa combinación, en un torneo largo, suele ser una advertencia para cualquier rival.