Ya lo decía Steve Jobs: “Es mejor ser pirata que alistarse en la marina”. Sí, amigos. Gol del mito Vedat Muriqi en tierras hispalenses y tres puntos de botín que ya navegan destino a Mallorca. Igual te hunde a la Suecia de Gyökeres e Isak que te hace naufragar al Sevilla de Almeyda. Tu pirata de confianza y cada vez el de más gente. Qué delantero, qué futbolista.
En la imaginación colectiva, los piratas eran rebeldes, eran grupos inteligentes que operaban fuera de la ley y la burocracia de la vida moderna. La visión popular de la piratería ha sido mayormente influenciada por la literatura, el cine y la televisión, a lo largo de muchas décadas, pero en la realidad: «La piratería era como un “doblón de oro”, siempre tuvo dos caras: una cara donde reinaba el idealismo, lo pintoresco y el romanticismo; y otra cara donde imperaba la violencia, el delito y la perversidad».
Piratas, igual te roban el corazón que los tres puntos. Se mueven siempre por códigos indescifrables. El ariete kosovar es un poco así, un tipo afable y entrañable fuera de la cancha y con una entrega admirable en todo aquello donde pone el alma. Eso sí, en el terreno de juego es implacable, letal y dominante como pocos. Igual te baja una lavadora con el pecho que te engancha un cabezazo causando un seísmo. Muriqi no juega, Muriqi te arrasa. Su cuerpo, su poderío, su experiencia y su inteligencia son el verdadero ‘mapa del tesoro’ del Real Mallorca desde que llegara a la isla.
Amado por los suyos allí en Palma, su puerto, y temido por los diferentes barcos y galeones que navegan por las agitadas, revueltas y peligrosas aguas de @laliga. Muriqi no entiende de reglas porque él es la ley. Él es el auténtico ‘Kraken’, liberarlo es ganar.