Roland Garros dejó imágenes que trascienden del resultado deportivo. Stan Wawrinka y Gael Monfils disputaron este lunes sus últimos partidos en la Philippe-Chatrier y dijeron adiós al torneo que marcó buena parte de sus carreras. El suizo cayó ante Jesper de Jong por 6-3, 3-6, 6-3 y 6-4, mientras que el francés se despidió de madrugada tras una batalla emocional frente a Hugo Gaston, que terminó imponiéndose por 6-2, 6-3, 3-6, 2-6 y 6-0.
Wawrinka, campeón en París en 2015 y finalista en 2017, volvió a competir con el carácter que definió su carrera, aunque ya sin la continuidad física necesaria para sostener el ritmo en los momentos decisivos. El neerlandés De Jong manejó mejor los intercambios largos y aprovechó las dificultades del veterano suizo para proteger su servicio en el tramo final del encuentro. Aun así, el público parisino reconoció la trayectoria de uno de los grandes especialistas sobre tierra batida de la última década, capaz de construir una carrera legendaria desde el revés a una mano y la resistencia competitiva.
Más tarde llegaría el turno de Monfils. El francés, de 39 años, parecía superado tras perder los dos primeros sets ante Gaston, pero reaccionó con el tenis eléctrico y atlético que convirtió su figura en una de las más queridas del circuito. Igualó el partido llevándose la tercera y la cuarta manga y encendió a la Chatrier en una noche cargada de simbolismo. Sin embargo, el esfuerzo terminó pasándole factura y Gaston dominó el quinto set con claridad para cerrar el partido con un 6-0 definitivo.
El homenaje posterior confirmó la dimensión de la despedida. Roland Garros reunió imágenes históricas de la carrera de Monfils y mensajes de figuras como Rafael Nadal, Novak Djokovic o Roger Federer, en un tributo que simbolizó el cierre de una generación irrepetible. También Wawrinka recibió el reconocimiento de la organización y del público parisino, consciente de que el torneo pierde a dos jugadores que ayudaron a construir parte de la identidad contemporánea del Grand Slam francés.
Más allá de los resultados, París despidió a dos tenistas que representaron maneras muy distintas de entender el juego. Wawrinka dejó la huella del competidor silencioso capaz de derribar gigantes; Monfils, la del artista imprevisible que convirtió cada partido en un espectáculo. Roland Garros seguirá adelante, pero el torneo pierde desde ahora dos rostros inseparables de su historia reciente.
Contenido creado en colaboración con RENAULT en el marco del patrocinio oficial a la RFET para impulsar el tenis español.