A McLaren les empiezan a temblar las piernas. Max Verstappen convirtió la noche de Las Vegas en un monólogo a alta velocidad, firmando una victoria contundente que reabre el Mundial a dos citas del final y silenció el ruido del “show” con una demostración de control puro al volante del Red Bull. Ni la agresividad inicial de Lando Norris desde la pole ni la solidez de Mercedes pudieron alterar un guion que, vuelta a vuelta, quedó quedando en manos del neerlandés, ganador por sexta vez en 2025.
La salida fue el primer gran punto de inflexión: Norris, ansioso por defender la pole, se pasó de frenada en la curva 1, se fue largo y abrió la puerta a Verstappen y George Russell, que aprovecharon el caos inicial para situarse tras el Red Bull mientras el grupo se estiraba entre frenadas posteriores y toques menores. Más atrás, el tráfico de la primera vuelta se cobró sus primeras víctimas con Lance Stroll, Gabriel Bortoleto y Alex Albon quedando fuera de carrera por daños tras incidentes encadenados, lo que obligó a la rápida intervención del coche de seguridad en el estrecho urbano de Nevada.
Relanzada la prueba, Verstappen impuso un ritmo inalcanzable gestionando neumáticos y energía con una frialdad que dejó a Russell sin respuesta directa, mientras Lando Norris emprendía la remontada para rescatar puntos vitales con un McLaren que había brillado en clasificación y en tanda larga durante el fin de semana. El británico se reenganchó a la lucha tras las paradas, pero su noche quedaría marcada más por lo que vino después en los despachos que por su capacidad para rehacerse en pista.
En paralelo, la carrera se convirtió en escaparate para un protagonista inesperado: Kimi Antonelli, que transformó una salida desde la 17ª posición en un podio de enorme peso simbólico para Mercedes gracias a una gestión casi quirúrgica del neumático duro y una defensa firme frente a rivales más experimentados. Por detrás, Charles Leclerc y Carlos Sainz dieron forma a una sólida cosecha para Ferrari y Williams respectivamente, mientras Lewis Hamilton completaba una remontada paciente desde el fondo de la parrilla hasta los puntos, ayudado por una estrategia larga de neumático duro en el primer relevo.
La clasificación dejó a Verstappen en lo más alto del podio, escoltado por George Russell y un Antonelli que aprovechó plenamente el terremoto posterior: la descalificación de ambos McLaren, Norris y Oscar Piastri, por irregularidades técnicas que reconfiguraron el reparto de puntos y acercaron aún más el Mundial a un desenlace explosivo. La noche de Las Vegas, pensada para el espectáculo, terminó ofreciendo algo más valioso para el campeonato: un golpe de autoridad de Verstappen, la confirmación del despertar de Mercedes y una sensación de que ninguna ventaja es definitiva con dos Grandes Premios (Catar y Abu Dhabi) todavía por disputarse.