Martín Landaluce ya sabe lo que es ganar un partido en el cuadro final de un Grand Slam. El madrileño necesitó cuatro horas y media de desgaste físico y mental para imponerse al boliviano Juan Carlos Prado Angelo por 6-3, 4-6, 6-2, 6-7(3) y 6-4 en la primera ronda de Roland Garros, en un encuentro cambiante y áspero que puso a prueba su resistencia competitiva desde el primer intercambio.
Landaluce arrancó con autoridad, dominando con su derecha y llevando el peso de los puntos ante un Prado Angelo más reactivo. El español encontró profundidad con facilidad en el primer set y, aunque cedió la segunda manga tras una bajada de precisión con el servicio, recuperó el control en el tercero gracias a una versión mucho más agresiva desde el fondo de pista. Ahí pareció encarrilar definitivamente el partido, imponiendo ritmo y castigando el revés del jugador boliviano.
Sin embargo, el encuentro se convirtió en una prueba de supervivencia. Landaluce llegó a tener ventaja clara en el cuarto parcial, pero los nervios aparecieron cuando tuvo el partido al alcance. Prado Angelo elevó su nivel en los momentos de máxima presión, recuperó los breaks de desventaja y forzó un ‘tie break’ que dominó con valentía. El español comenzó a acumular errores, perdió soltura con el saque y necesitó incluso asistencia física por molestias en la muñeca en el tramo final del duelo.
Lejos de derrumbarse tras dejar escapar el cuarto set, Landaluce encontró la serenidad necesaria en la manga definitiva. Rompió pronto el servicio de Prado Angelo y, aunque volvió a sufrir para cerrar el partido —su rival salvó varias opciones de derrota—, acabó imponiendo su mayor capacidad ofensiva en los intercambios decisivos. El joven español descubrió cuánto cuesta ganar en la élite.
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