Inglaterra, vigente campeona y tocada tras su derrota inaugural ante Francia, se enfrentaba a Países Bajos, campeonas en 2017 y con la moral alta tras su victoria inicial. El resultado fue un 4-0 tan rotundo como inesperado en la previa, pero perfectamente explicado desde el primer minuto sobre el césped.
Inglaterra, que venía de perder el rumbo y la confianza, recuperó de golpe la memoria y la voracidad. Sarina Wiegman, seleccionadora inglesa y artífice del título neerlandés en 2017, movió el tablero: devolvió a Ella Toone al once, desplazó a Lauren James a la banda derecha y apostó por una presión alta y una circulación mucho más fluida. El cambio fue inmediato. Keira Walsh, invisible ante Francia, se adueñó del centro del campo y Lauren James se convirtió en la pesadilla naranja.
El primer aviso llegó temprano, con Russo rozando el gol de cabeza. A los 22 minutos, James culminó una jugada colectiva con un derechazo imparable. El gol liberó a Inglaterra y hundió a unas neerlandesas que nunca encontraron el modo de salir de la asfixia rival. Stanway, al filo del descanso, amplió la ventaja con un disparo lejano que evidenció la falta de respuesta de Van Domselaar y su defensa.
La segunda parte fue un monólogo inglés. Países Bajos, desdibujada, apenas superó la línea de medio campo. James firmó su doblete al 60’ y Toone, siete minutos después, cerró la goleada tras otra jugada coral. El marcador pudo ser aún más abultado, pero Wiegman dosificó esfuerzos y dio minutos a las suplentes. En la grada, 22.600 espectadores asistieron al renacimiento de las Lionesses y al hundimiento de una Oranje irreconocible, sin ideas ni rebeldía.
El dato irónico: la seleccionadora que hizo campeona a Países Bajos fue la que, desde el banquillo rival, firmó la sentencia. Inglaterra no solo ganó, sino que recuperó la confianza, el fútbol y el respeto. Países Bajos, en cambio, se fue del campo con más dudas que certezas y la sensación de que el pasado reciente no garantiza nada en el presente. La Eurocopa femenina, una vez más, demostró que las campeonas no se rinden… y que las derrotas pueden ser el mejor punto de partida para volver a empezar.