Cuando el empate parecía inevitable, Ghana encontró en el tiempo añadido la recompensa a una insistencia que nunca abandonó. Un gol de Caleb Yirenkyi en el minuto 95 decidió un encuentro cerrado frente a Panamá (1-0) y otorgó al combinado africano tres puntos de enorme valor en el arranque del Grupo L. El tanto llegó cuando el reloj ya parecía condenado a dictar sentencia, convirtiendo una actuación trabajada pero irregular en una victoria tan celebrada como necesaria.
Durante gran parte de la noche, Ghana asumió la iniciativa del juego. El equipo africano acumuló más posesión y logró instalarse con frecuencia en campo rival, aunque le costó traducir ese dominio territorial en ocasiones verdaderamente claras. Panamá, consciente de sus fortalezas, planteó un partido disciplinado, con líneas juntas y una notable capacidad para proteger su área. El plan funcionó durante más de noventa minutos y fue desgastando la paciencia de los ghaneses.
El encuentro se desarrolló entre intentos africanos y respuestas defensivas panameñas. Ghana buscó amplitud por las bandas y trató de acelerar el ritmo en la segunda mitad, mientras Panamá encontró en las transiciones y en las acciones a balón parado sus mejores argumentos para amenazar. Sin embargo, ninguno de los dos equipos consiguió imponer una superioridad clara, lo que fue alimentando la sensación de que el reparto de puntos terminaría siendo el desenlace más lógico.
Pero los Mundiales suelen reservar espacio para los detalles. En la última acción relevante del partido, Caleb Yirenkyi apareció para romper el equilibrio y desatar la euforia de Ghana. El tanto del minuto 95 castigó la resistencia de una Panamá que había defendido con orden y concentración durante todo el encuentro, pero que no logró sobrevivir al último empuje rival. Para los africanos, esta victoria supone un impulso importante de cara a los próximos compromisos del grupo.