Francia tumbó a la campeona Inglaterra (2-1) en un duelo que, más allá del resultado, dejó un reguero de certezas, dudas y símbolos para ambos equipos. No fue solo una victoria: fue un golpe en la mesa de las Bleues. El combinado inglés, vio por primera vez cómo el vigente campeón cae en su estreno continental.
La contracrónica empezó antes del pitido inicial, con la noticia de la titularidad de Lauren James, la gran esperanza inglesa, y la baja de Griedge Mbock Bathy en la zaga francesa. Inglaterra salió mandona, con James y Hemp buscando el desequilibrio y la grada, mayoritariamente inglesa, soñando con una nueva exhibición de las campeonas. Pero el fútbol puede decidirse en ráfagas. Y Francia, tras media hora de contención, desató la tormenta perfecta: Delphine Cascarino, elegida jugadora del partido, desbordó por la derecha y sirvió el 1-0 a Katoto. Tres minutos después, Baltimore cazó un rechace y firmó el 2-0, dejando helada a una defensa inglesa que, por momentos, pareció de cartón piedra.
La segunda parte fue un ejercicio de resistencia gala y de impotencia inglesa. Wiegman agitó el banquillo, metió a Toone y Kelly, y buscó la épica. Pero Francia, sólida y sin complejos, se permitió incluso desperdiciar un par de contras para sentenciar. Solo en el 87’, cuando Walsh cazó un balón suelto y lo mandó a la red, Inglaterra creyó en el milagro. El asedio final fue más corazón que cabeza: un disparo de Toone, un centro de Russo, un remate de la debutante Agyemang que Bacha sacó bajo palos… Pero el muro francés no se derrumbó.
El pitido final dejó imágenes para el archivo: las francesas celebrando su novena victoria consecutiva en 2025, las inglesas cabizbajas, conscientes de haber roto su racha perfecta en la fase de grupos y de que su seleccionadora, Sarina Wiegman, perdió por primera vez un partido de Eurocopa. Francia, sin Renard, pero con Katoto en modo estrella y Cascarino desatada, se postula como candidata a todo. Inglaterra, por primera vez en mucho tiempo, se mira al espejo y no reconoce su reflejo.