
Puede que Gennaro Gattuso ni
tenga todavía, ni haya demostrado aún un bagaje táctico a la altura de varios
de sus antecesores en el banquillo rossonero, pero sabe de futbolistas
más que ninguno de ellos, porque dedicó toda su carrera a socorrer, a ayudar, a
auxiliar, a alentar, a ofrecer avituallamiento y regalos en forma de metros que
no tener que correr y esfuerzos que no tener que realizar a muchos de los
mejores futbolistas del mundo de su época; porque dedicó toda su carrera a
compensar lo que otros mejores que él dejaban de hacer por querer hacer lo que
él nunca podría haber hecho. Porque fue el mejor en lo suyo.
La llegada de Gattuso, con su
variopinto y escaso recorrido como entrenador debajo del brazo, parecía la
enésima deriva del Milan a la hora de elegir al capitán de un barco sin
brújula. Y sin embargo, de forma francamente sorprendente para casi todos, ‘Rino’,
el tipo que en 2008 jugó más de 80 minutos con el cruzado roto con apenas un
vendaje en la rodilla en un partido contra el Catania antes de perderse los
siguientes seis meses de competición, está consiguiendo devolver al Milan la
coherencia futbolística que con Vincenzo Montella parecía haber dejado
de lado.
“Sobre
el césped fuiste mi guerrero. Ni una sola vez he visto rendirte, ni una sola
vez te he visto con la camiseta limpia, ni una sola vez te he visto cansarte.
Esto es lo que siempre he admirado de ti: la capacidad de conseguir la meta a
pesar de que la naturaleza no te haya dotado de grandes cualidades técnicas.
Porque tus pies no eran precisamente propios del máximo nivel, sin embargo el
pundonor que tú mostrabas no lo tenía nadie y además, algo fuera de lo común,
tú sabías transmitirlo a los demás. Cuántas veces te he visto ayudar, espolear
y alentar a un compañero en los momentos de dificultad. El fútbol es esto: más
allá de la alineación, de la táctica, de las diagonales, de la presión y el
contragolpe, están las personas. Y son las personas las que marcan las
diferencias.” Carlo Ancelotti
El Milan, después del Napoli y
de la Juventus, es el equipo que mejor ritmo de puntuación acumula en las
cuatro últimas jornadas de la Serie A y está viendo como reverdecen
buenas sensaciones a diferentes niveles. A nivel mental, con un
compañerismo latente en los esfuerzos, un lenguaje gestual colectivo repleto de
intensidad y una motivante ambición ganadora que se insufla desde el mismo
banquillo. A nivel identitario, con un equipo que está apostando sin
complejos por los canteranos que cree preparados y necesarios (Calabria
por fin ha recibido la oportunidad de la continuidad y está respondiendo con
creces y Cutrone ya puede decirse que es el nueve titular) y haciendo
hincapié en la vertiente más nacional de su plantilla (recuperando para la
causa a nombres como el de Antonelli y señalando como importantísimos a
otros como los de Bonaventura, que se suman a los Donnarumma, Bonucci,
Romagnoli, Montolivo o Borini).
Y también, aunque era en la parcela
más importante donde más dudas residían, en la parte táctica. Y lo ha hecho
a través de un regreso sin ambages al 4-3-3, que se convierte en un 4-1-4-1 con
Biglia como perno en fase de no posesión, mucho más acorde a la
construcción y a los recursos de la plantilla que el 3-5-2 de su antecesor y
que guarda -aunque aún tenues- ciertos paralelismos con el gran Milan de Ancelotti
que Gattuso protagonizó, a la hora de ser férreo defendiendo el área
propio, insertar al mediocentro en la salida pero sin temor a dividir la
presión con envíos largos a través del especialistas que es Bonucci -acción
que también permite apretar más arriba en caso de pérdida y ganar metros de una
forma menos dificultosa- proyectar los laterales en ataque, dar vuelo y
resaltar el físico privilegiado de uno de los interiores con Kessié y
tratar de ser muy vertical e incisivo en espacios abiertos.
Las dobles parejas de Gattuso
Más allá de un orden posicional más
compensado y mejor adaptado a sus futbolistas y de una configuración defensiva
más reactiva que proactiva, afanada especialmente en evitar las recepciones
rivales entre líneas y en defenderse de forma efectiva a través de la pelota;
la mejora a nivel de juego del Milan se basa especialmente en los roles y el
entendimiento recíproco de las dobles parejas que ha ideado Gattuso para dotar
de amplitud y agresividad ofensiva a su equipo, con Kessié y Suso por
el perfil derecho y con Bonaventura y Çalhanoglu por el costado
izquierdo. Con ellos así dispuestos, la tendencia asociativa ha sido cambiada
por una actitud más vertical en el pase y más enfática en la recuperación, lo
que redunda en partidos de un ida y vuelta mayor -Biglia es vital para dotar de
equilibrio y coser al equipo- en los que este Milan, ahora a buen tono físico,
parece desenvolverse mejor y tener mayor capacidad de dominio.
El español y el turco a pie cambiado,
a fin de potenciar su tremendamente explotable buen pie para el centro al área
y su pegada al arco, han sacado al Milan de su encorsetamiento y le han dotado
de gracilidad para transitar por las bandas y para el intercambio
de posiciones en fase ofensiva y, al mismo tiempo, compensan y potencian el
déficit de relación con el juego de un nueve rematador y oportunista como
Cutrone, que parece nacido para hacer durante años exactamente lo que ya ha
empezado a hacer ahora: meter para adentro lo que se genera a su alrededor sin
desentonar cuando se aleja de la zona de gol. Sin embargo, buena parte del
enfatizado alto rendimiento de Suso y Çalhanoglu como estiletes se debe a
Kessié y a Bonaventura, con quienes se integran a la perfección.
El costamarfileño, con sus
movimientos en profundidad sin balón libera espacio para que Suso haga su
jugada, supone una amenaza a mayores en conducción -lo que sirve asimismo para
sacar de atrás al Milan en numerosas ocasiones- y ha recuperado todo el
recorrido que con Montella estaba taponado por la posición más centrada del
gaditano. Además, sus dotes para pisar el área también permiten una presión más
elevada e intensa tras pérdida, siendo todo ello una bombona de oxígeno para su
equipo y para la fase constructiva en la que se encuentra. Por su parte,
Bonaventura ha vuelto a erigirse como el gran acumulador de balón del Milan, y
su intercambio habitual de posiciones con Çalhanoglu, en una disposición que
hace recordar al Hamsik – Insigne de Sarri, ha convertido
a su zona en el lado fuerte en cuanto a poso, cantidad, calidad y productividad
con el balón y al pico izquierdo del área en una zona constantemente amenazada
y exigente para el rival.
Con todas estas herramientas y
disposiciones, pero sobre todo a raíz de la implementación de esas dobles
parejas, el Milan de Gennaro Gattuso está recuperando sentido táctico y, por
tanto, fuerza competitiva. Sin embargo, ningún cambio futbolístico tendría
ningún efecto sin el drástico viraje a nivel psicológico que ha supuesto la
llegada de ‘Rino’ al banquillo del equipo de su alma. Gattuso ha hecho
que el Milan recupere, sobre todo, corazón. Algo que no cuenta para jugar bien
o mal al fútbol, pero de lo que hay once unidades latiendo, ahora sí, al mismo
tiempo justo detrás de un escudo, y qué escudo, que requería de un
desfibrilador como el que ha supuesto la llegada de Gattuso, pero también de la
cordura a nivel estructural sobre el terreno de juego que el calabrés está
imponiendo. Quién lo iba a decir. Gennaro Gattuso, corazón… y también cabeza.
Sevilla. Periodista | #FVCG | Calcio en @SpheraSports | @ug_football | De portero melenudo, defensa leñero, trequartista de clase y delantero canchero

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