En el césped de Queen’s, donde la tradición pesa tanto como la raqueta, Carlos Alcaraz volvió a demostrar que la historia del tenis ya tiene nuevo protagonista. El murciano, que hace apenas dos semanas asaltó París, conquistó este domingo su segundo título en el ATP 500 londinense tras una final que fue mucho más que un simple trámite ante Jiri Lehecka: fue un ejercicio de supervivencia, de madurez y, sobre todo, de hambre insaciable.
Un partido de montaña rusa
No fue una final sencilla. Alcaraz tuvo que pelear cada punto, cada juego, ante un Lehecka que se negó a ser mero invitado en la fiesta del campeón. El checo, valiente y agresivo, llevó el partido al límite: primer set para el español por 7-5, segundo para Lehecka en un tiebreak agónico (7-6(5)), y un tercer set en el que Alcaraz, lejos de encogerse, sacó su mejor versión. El marcador final, 7-5, 6(5)-7 y 6-2, esconde la tensión de una batalla que solo se decantó cuando el murciano apretó el acelerador y dejó claro que, en hierba, él también manda.
El campeón que no se cansa de ganar
El dato es demoledor: 18 victorias consecutivas, 27 triunfos en sus últimos 28 partidos, cinco títulos en lo que va de temporada y 21 en su carrera con solo 22 años. El de El Palmar no solo domina sobre tierra o pista dura; en hierba, donde los grandes se consagran, ya suma tres títulos y dos coronas en Queen’s. El domingo, además, se permitió el lujo de ganar sin conceder una sola bola de break, con 18 aces y un 87% de puntos ganados con su primer saque6.
Lehecka, digno rival y testigo de la tormenta
Jiri Lehecka, que disputaba su primera final sobre hierba, fue un rival más que digno. Aguantó el pulso, se llevó el segundo set y obligó a Alcaraz a buscar soluciones. Pero cuando el español olió la sangre en el tercer set, no hubo piedad: rompió el saque del checo y voló hacia la victoria, cerrando el partido con autoridad y una sonrisa de quien sabe que Wimbledon ya asoma en el horizonte.
La victoria en Queen’s tiene aroma de preludio. Alcaraz llega a Wimbledon con el aura de invencible, sumando confianza y títulos, y con la sensación de que, en el césped británico, puede volver a hacer historia. El domingo, en Londres, no solo ganó un trofeo: se confirmó como el presente y el futuro del tenis mundial.