El Bernabéu sabe esperar: deja que el reloj se ponga nervioso y cobra al final. Cobró ayer a los 83 minutos. Hasta entonces, el Real Madrid había ganado 2-0 al Leipzig con una renta corta y un aire de trámite incómodo, de esos partidos que obligan a mirar de reojo el calendario. El Clásico llegaba el domingo. En esa mirada de reojo, el equipo ya tenía dos goles en el bolsillo y un tercero a punto de caer.
Bernardo Silva abrió la cuenta en el 43 tras un rechace de Vandevoordt, y fue su primer gol como madridista. Arda Güler amplió en el 52 al segundo palo, después de un centro de Bellingham que Mbappé peinó hacia el centro. Luego vinieron treinta minutos de ruido sin música. El Leipzig se defendía con orden, el Madrid llegaba sin colmillo y Courtois sostenía lo poco que se le venía encima: el belga acabó con cinco paradas, una de ellas en un mano a mano con Nkunku.
Entonces apareció Mbappé. En el 83 recibió de Yan Diomande en la frontal y puso el balón en la escuadra derecha: su gol número doce de la temporada. Dos minutos más tarde, Gomis, que había entrado desde el banquillo, aprovechó una galopada de Baumgartner para recortar distancias. El Bernabéu se encogió un segundo. En el 87, Diomande, ex del Leipzig, enganchó una volea a centro de Brahim y la clavó en la escuadra izquierda. Tres goles en cuatro minutos y la noche resuelta.
Los números pintan una victoria menos cómoda de lo que sugiere el marcador. El Madrid tuvo el 61% de la posesión, disparó 18 veces (nueve a puerta) y sacó siete córners por uno del rival. Vandevoordt, el meta del Leipzig, hizo cinco paradas, aunque su error facilitó el 1-0. Los de Sajonia tiraron diez veces, seis entre los palos, y Courtois tuvo trabajo hasta el final.
El Madrid suma tres victorias en tres jornadas de la Champions, tras ganar al Inter (2-1) y a la Roma (4-3 en el Olímpico). El Leipzig se queda con un triunfo y dos derrotas. Lo próximo para el equipo blanco es el Clásico, el domingo en Barcelona, y el 4 de noviembre visita al AEK en Atenas.