Argentina inició su participación en el Mundial con una victoria convincente frente a Argelia (3-0), un resultado construido alrededor de la figura de Leo Messi. El capitán albiceleste firmó los tres goles de su selección en una actuación que recordó a sus mejores noches con la camiseta nacional y que le permitió igualar a Miroslav Klose como máximo goleador de la historia de los Mundiales. En una cita marcada por la expectación que siempre genera el astro rosarino, el diez volvió a responder cuando más focos apuntaban hacia él.
El encuentro comenzó con Argentina monopolizando el balón y tratando de encontrar espacios ante una Argelia disciplinada y replegada. Los africanos lograron contener durante muchos minutos las acometidas argentinas gracias a su orden defensivo, pero la sensación era que el gol acabaría llegando si los de Lionel Scaloni mantenían el ritmo de circulación. Messi fue el futbolista que más lo intentó desde el inicio, apareciendo entre líneas y buscando asociaciones constantes con los hombres de ataque.
La resistencia argelina terminó cediendo cuando el capitán encontró el camino hacia el gol y abrió el marcador en el minuto 17. A partir de ese momento, Argentina ganó tranquilidad y empezó a encontrar más espacios. Argelia se vio obligada a adelantar algunos metros y el partido comenzó a jugarse en el escenario que más convenía a la Albiceleste. Con más campo para maniobrar y una circulación cada vez más fluida, los sudamericanos asumieron definitivamente el control del encuentro.
Messi volvió a aparecer tras el descanso para ampliar la ventaja y dejar el partido muy encarrilado. Cada intervención suya transmitía sensación de peligro y Argelia ya no encontraba la forma de contener los movimientos del capitán argentino. Con el rival cada vez más desgastado y obligado a asumir riesgos, el delantero completó su hat-trick en el 76′, cerrando una actuación memorable que levantó a los aficionados de sus asientos y confirmó su condición de jugador diferencial incluso en la recta final de su carrera.
Más allá de la contundencia del resultado, Argentina dejó la impresión de ser un equipo sólido, paciente y plenamente consciente de sus fortalezas. Scaloni encontró respuestas en el control del juego y en la capacidad de su equipo para madurar el partido hasta encontrar la grieta necesaria. La gran noticia de la noche fue, sin discusión, Messi. Con tres goles y un nuevo récord al alcance de la mano, el capitán volvió a demostrar que los grandes escenarios siguen siendo su hábitat natural.