Ayer en El Coliseum Alfonso Pérez, la Real Sociedad escribió un capítulo exigente y, finalmente, esperanzador bajo la batuta del técnico estadounidense Pellegrino Matarazzo (New Jersey, USA, 28 de noviembre de 1977) en su segundo encuentro como entrenador del club donostiarra.
Tras el empate inaugural ante el Atlético de Madrid en Anoeta, los txuri-urdin saltaron a Getafe con la intención de, al igual que ocurrió ante el Atleti, mostrar la identidad más definida en el juego, con un enfoque notablemente más vertical y ambicioso que el observado con Sergio Francisco. El planteamiento de Matarazzo, fiel a sus principios de presión alta y transiciones rápidas, se vio cristalizado en el primer tramo del partido, donde la Real impuso su ritmo y controló alturas del campo con un dominio territorial convincente.
La realidad competitiva del duelo exigió paciencia y construcción. El juego no ofrecía grandes ocasiones en los primeros minutos hasta que, poco antes del descanso, Brais Méndez rompió la paridad en el minuto 36 con un disparo quirúrgico de volea que superó a David Soria, rompió el muro de Bordalás y desequilibró el marcador. Fue un tanto que resumió las aspiraciones de la Real: precisión técnica y decisión en los metros finales, un mensaje claro de que el equipo entiende ya con más claridad los conceptos que propone su nuevo técnico.
En la reanudación, el ritmo no decayó pero sí se equilibró la posesión, con un Getafe que, pese a sus limitaciones estructurales y bajas sensibles, ajustó su presión para intentar neutralizar los circuitos ofensivos visitantes. La Real Sociedad, por su parte, tuvo al menos tres opciones claras para sentenciar el partido con transiciones verticales y llegadas por bandas, aunque sin la puntería necesaria para cerrar el partido antes. El entramado táctico de Matarazzo, centrado en compactar líneas y facilitar salidas progresivas desde la defensa, generó estabilidad, aunque el empate local a través de Juanmi en el minuto 90 devolvió la incertidumbre y exigió una última prueba de carácter.
La respuesta donostiarra fue no claudicar. En el minuto 96 y en la última acción del partido, el lateral venezolano Jon Aramburu, cabeceó a gol de forma brillante un córner que valió tres puntos y, sobre todo, una primera victoria de peso para el proyecto. Fue un desenlace que confirmó la lectura estratégica de Matarazzo en su interpretación del partido: nunca renunciar a ocupar espacios en campo rival y castigar la fragilidad defensiva del rival en los momentos decisivos.
Esta victoria en Getafe ofrece a la Real Sociedad algo más que tres puntos: legitima una idea de juego que, tras semanas de dudas y cambios de timón, estaba necesitada de resultados concretos para consolidarse. El esfuerzo colectivo, la gestión emocional del tramo final y la concreción de Brais Méndez y Aramburu evidencian que el equipo avanza, aunque la exigencia de LaLiga no permitirá pausar el análisis ni la mejora continua. Pellegrino Matarazzo consigue así su primera sonrisa competitiva en Liga, y el equipo, una inyección de confianza para ir hacia arriba en la segunda vuelta de la temporada.